Estrategias

esthergranados

Poeta adicto al portal
A mi mujer no le gusta que le fastidien sus estrategias; así fue como acabé casándome con ella, ¿como contradecir sus deseos, sus cabezonerias, sus caprichos de niña "malcriada"? Así fue como sin darme cuenta acabé en el altar a pesar de mi pertinaz ateísmo. Pero ahí no quedó la cosa; mis nulos deseos de paternidad se vieron "colmados" a los nueve meses de la boda. Sin siquiera discutirlo impuso su "instinto" de "mamá ideal de la muerte" frente a mi meditada prudencia en lo que yo, pobre infeliz, creía decisiones importantes. Supimos que el bebé que esperábamos era una niña en el sexto mes de embarazo; a partir de ahí el mundo de mi mujer empezó a ser de "color de rosa", y lo peor es que me arrastro a mi en su delirio. Le compramos una cuna de princesa que pusimos en una habitación pintada de rosa, con todos los accesorios de ese mismo color, al igual que la ropa y los juguetes, que eran muchos. El embarazo fue para mi un suplicio; a sus nauseas matutinas se unieron sus "antojos" cada vez más estramboticos, y sus quejas constantes casi siempre daban paso a llantos descontrolados que la sumían en una tristeza y un desconsuelo difícil de aplacar. Durante esos meses, intenté cumplir sus deseos lo mejor que pude, pero nunca era suficiente y sus exigencias eran cada vez mayores y más difíciles de satisfacer. Yo, a pesar de ser practicamente su esclavo, pintaba poco en su vida. He de reconocer que le sentaba bien el embarazo: se puso muy guapa y cuando estaba de buen humor con su zalamería arrolladora se te olvidaba todo lo demás.
Se puso de parto un sábado de madrugada, y con los nervios lógicos que conllevaba la situación, salimos para el hospital. Preferiría no recordar nuestra llegada pero ¿como olvidarla si puso en jaque a todo el personal? ninguna enfermera le parecía lo suficientemente preparada y hasta al médico, que antes era de su total confianza, le cuestionaba su profesionalidad. En realidad el parto fue estupendo y no tardó mucho en dar a luz. El doctor que la atendió, con una paciencia y una tranquilidad encomiable dadas las circunstancias, puso al bebé en su pecho con cara de satisfacción. Ella lo acarició agradecida hasta que le dijo que era un niño sanísimo y que había pesado tres kilos y medio. ¿Dije que a mi mujer no le gusta que le fastidien sus estrategias? se sintió tan contrariada con la noticia que me entregó al pequeño inmediatamente, me recordó que ella quería una niña, que ya lo tenía todo preparado para su llegada y que no pensaba quedarse con un niño para el que ni siquiera tenía nombre. La miré de hito en hito y salí de la habitación con el bebé en brazos. Esa fue la ultima vez que la vi; mi hijo y yo salimos de su vida y, la verdad, somos bastante felices.
 
Tremendo final, una mujer muy cerrada así no sé como se casó el protagonista. Un placer leerla. Saludos
 
Una buenas letras nos dejas nacidas de una bella inspiración,
donde tu talento nos hace disfrutar de una lectura con mucha
delicadeza. Creo que tus letras en el foro de prosas quedarían
muy apropiadas por la historia que envuelven.
Ha sido un placer poder pasar por tus letras. Te dejo reputación
merecida. Besos y un abrazo. Tere
 
Afortunadamente no conozco a nadie así, pero si se cruza en nuestro camino alguien que se parezca al personaje, es mejor salir corriendo jajaja gracias por leerme y comentarme, un beso.
 
Uuuuuuhhh, inesperado final, aunque el principio
me hizo reir, bueno, a la bruja una escoba y que
barra su pasado, tal vez una limpia cerebral le
hizo falta. Estupendo, me gustó mucho :)
 

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