Vital
Poeta veterano en el portal
En un lugar de la india un bebecito fue abandonado en una cesta de mimbre. Y como tantas veces fue recogido por las hermanitas de la caridad. No se le dio mucha importancia pues era algo muy común en esos días de hambruna y miseria, con el particular detalle, que el bebé era una niña con los ojos azules y portaba una pulsera con estrellitas de marfil
Poco a poco la pequeña ciudad fue floreciendo gracias al turismo, que gustaba del exotismo de sus rincones ajardinados y antiguos.
Los monos descarados rodeaban a los turistas y graciosos pedigüeños se lucraban de su bondad junto a las vacas que pacían en los jardines en total libertad, parpadeando cual estrellas a fugaces flases.
A la prospera urbe, volvían poco a poco antiguos residentes trasladados a hospitales de Calcuta.
Algo le llamó la atención a la señora del sombrero de flores, pero de rostro marchito. Pues dejaba una galleta en el asiento y al momento desaparecía sin apenas ver quien era su ladrón. Probó una y otra vez a dejar nuevas galletas y los chillidos de los monos le alertaban, como si se compenetraran con la manita oportunista.
Esperó a un nuevo día, para probar suerte y en una reunión de turistas se concentraron los monos a recoger sus llamativos regalos envueltos en papel ruidoso.
En esto que nuestra dama, colocaba una galleta en el mismo banco de siempre, y haciéndose la desentendida esperaba de reojo ver a esa mano ladroncilla de galletas.
Efectivamente una manita aparecía y justo al ir a recoger la galleta la señora le asió por la pequeña muñeca, al tiempo que lanzó un grito de asombro: ¡Dios no pueeeede ser!
Unos ojos azules como el mismísimo cielo se le clavaban en el alma, y aquella pulsera le trajo a la memoria momentos en que ella misma la confeccionaba al soñar con su bebecito amado.
¡Pero me dijeron que no podía alimentarte por tu precario estado!
Tanto soñé estos ojitos en las estrellas, que el mismo cielo llevo impreso en los míos…
¡Noooo! ¡Siiiiiiiiii! ¡Dios mío! Siento tu mirada en estos ojos y rompió a llorar intensamente…
Pero aquella manita le secaba las aguas con un pañuelito de algodón que en su cuello llevaba.
¡Aleluya! Cuando la sangre separada se vuelve a juntar en una misma mirada de puro amor.
Desde entonces la dulce niña vivió con su recién hallada mamá los momentos más bellos de su vida y la señora aprendió de nuevo a sonreír, porque según dijo: Dios le regalo la más bella y perdida sonrisa…
MORALEJA:
Las flores se abren y cierran, más su esencia como la más hermosa sonrisa ¡Vuela!
Y siempre en las almas generosas se vuelve a posar…
Poco a poco la pequeña ciudad fue floreciendo gracias al turismo, que gustaba del exotismo de sus rincones ajardinados y antiguos.
Los monos descarados rodeaban a los turistas y graciosos pedigüeños se lucraban de su bondad junto a las vacas que pacían en los jardines en total libertad, parpadeando cual estrellas a fugaces flases.
A la prospera urbe, volvían poco a poco antiguos residentes trasladados a hospitales de Calcuta.
Algo le llamó la atención a la señora del sombrero de flores, pero de rostro marchito. Pues dejaba una galleta en el asiento y al momento desaparecía sin apenas ver quien era su ladrón. Probó una y otra vez a dejar nuevas galletas y los chillidos de los monos le alertaban, como si se compenetraran con la manita oportunista.
Esperó a un nuevo día, para probar suerte y en una reunión de turistas se concentraron los monos a recoger sus llamativos regalos envueltos en papel ruidoso.
En esto que nuestra dama, colocaba una galleta en el mismo banco de siempre, y haciéndose la desentendida esperaba de reojo ver a esa mano ladroncilla de galletas.
Efectivamente una manita aparecía y justo al ir a recoger la galleta la señora le asió por la pequeña muñeca, al tiempo que lanzó un grito de asombro: ¡Dios no pueeeede ser!
Unos ojos azules como el mismísimo cielo se le clavaban en el alma, y aquella pulsera le trajo a la memoria momentos en que ella misma la confeccionaba al soñar con su bebecito amado.
¡Pero me dijeron que no podía alimentarte por tu precario estado!
Tanto soñé estos ojitos en las estrellas, que el mismo cielo llevo impreso en los míos…
¡Noooo! ¡Siiiiiiiiii! ¡Dios mío! Siento tu mirada en estos ojos y rompió a llorar intensamente…
Pero aquella manita le secaba las aguas con un pañuelito de algodón que en su cuello llevaba.
¡Aleluya! Cuando la sangre separada se vuelve a juntar en una misma mirada de puro amor.
Desde entonces la dulce niña vivió con su recién hallada mamá los momentos más bellos de su vida y la señora aprendió de nuevo a sonreír, porque según dijo: Dios le regalo la más bella y perdida sonrisa…
MORALEJA:
Las flores se abren y cierran, más su esencia como la más hermosa sonrisa ¡Vuela!
Y siempre en las almas generosas se vuelve a posar…
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