Dulce rostro semblante de enero
recostada la nuca bajo la escalera
no dejes la parca bajar su remo
esta aciaga madrugada de seda.
Desde el cementerio se divisa la bruma
del eterno día que nunca acaba,
soledad gélida que traspasa hendiduras
de puñales sobre penas traspasadas.
Cuanto dolor tras la esfera
cristalina de tus retoños
ese lapso de maldita espera
de soledades y sus entornos;
Maldigo esa hora siempre eterna
que decidieron los dioses dejarnos solos
en sus abruptas decisiones efímeras;
Los vientos susurraron del este
sumándose al estrépito de las estrellas
el día que pereció esa luz celeste
invadiendo las paces de la siembra.
Largo tiempo aguarde en esta ribera
impronta demora la triste morada
donde espera tranquila la hora suprema
besarme la boca enamorada.
Anotar Dioses si era buena
que murió para inspirarme
Manuel Moral Terrín(copyright©)
22/01/11