La conquista de la mirada escribió este teorema
en la razón de tu voz cantarina sin prisa,
como orfebre elaboraste este poema.
Con la genialidad de tu inspiración, poetisa.
Alguna vez Aldana,
podré demostrar que mis amaneceres
no dormían en ti pensando,
que mi luna jamás se desveló.
Por que te soñaba, amada mía.
Amenazaba con escampar esa parte del cielo
mientras en mi alma seguía lloviznando,
triste llanto del amor sin consuelo.
Lastimera forma de decir que te sigo amando.
Quizá en esos días,
o por esos días descubras recién
que los ocasos son todos iguales,
cuando estás soñando.
Apareces con tu delicada figura
destierras la soledad anclada en mi mar,
con fortaleza firme de alma pura.
Entonces te eternizas cuando dices amar.
La vida
escribirá alguna vez,
desde las manos de un célebre poeta
esta historia nuestra:
Donde deberá de plasmar todo el respeto existente,
y todo el amor que venció a las fronteras,
los hitos de la distancia,
todos los candentes desiertos
y cuanto mar cruzó,
para unir en el latido
tu pecho y el mío.