Armonia
Poeta veterana
Eterna rosa
Te pedí sin pedirte
la rosa de un jardín
y supe en mi delirio
que tus manos oirían
que construirían un instante
que dibujarían el tiempo.
Y la rosa latiría
con la mirada de nácar
con las lágrimas de brisa
con la sonrisa de piel.
Y el dibujo fue un ave
y la luna su ancla...
Y con sueños reales
me vistió de princesa
y llegaron los barcos
desplegando sus velas
y entre inquietas gaviotas
me alzaron al mar.
Y la rosa crecía
durmiendo en tus manos
y un sol de verano
la trajo hasta mí...
Y un beso fragante
despertó en la mirada
susurros lejanos
de un dios de alhelí.
Las gaviotas volvieron
y trajeron las olas
que junto a los barcos
arrullaban al mar.
El silencio callaba
y también los luceros
y la rosa fue eterna
entre nácar y sal.