Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
No me abraces con dientes en la nuca,
no me claves las ganas de llorar,
las ganas de escribirte,
ni un poema sin onomatopeyas.
No me insistas, no puedo digerir tus espadas de sal,
tus estatuas abiertas,
los mares de las rocas.
No preguntes, no sé si esperas mi respuesta,
aún ordeno cajones de mi armario,
sucios,
olvidados.
Porque también olvido mi propia desnudez,
confundo parabrisas con tu cuerpo,
como un insecto, muerto y deshuesado,
donde asientas metrópolis de tiempo,
donde contemplo árboles, y hay agujas sin magia.
Ah, mujer, no me observes, por las cosas que dije.
No me enfoques, que nunca he sido un prisma.
No me robes sonrisas que ya sé dónde acaban.
No me beses, que pierdo la noción del tiempo, y la memoria.
No me hagas el amor, que ninguna caricia me sacará de ahí.
no me claves las ganas de llorar,
las ganas de escribirte,
ni un poema sin onomatopeyas.
No me insistas, no puedo digerir tus espadas de sal,
tus estatuas abiertas,
los mares de las rocas.
No preguntes, no sé si esperas mi respuesta,
aún ordeno cajones de mi armario,
sucios,
olvidados.
Porque también olvido mi propia desnudez,
confundo parabrisas con tu cuerpo,
como un insecto, muerto y deshuesado,
donde asientas metrópolis de tiempo,
donde contemplo árboles, y hay agujas sin magia.
Ah, mujer, no me observes, por las cosas que dije.
No me enfoques, que nunca he sido un prisma.
No me robes sonrisas que ya sé dónde acaban.
No me beses, que pierdo la noción del tiempo, y la memoria.
No me hagas el amor, que ninguna caricia me sacará de ahí.