¿Son eternas las palabras?
Me preguntas sin mucha convicción, y yo te observo. Intentando enhebrarlas en tus versos.
Como fluyen manantiales de tus manos, que escriben sin tiempos, en los límites de pasiones olvidadas.
Sabes bien que te envidio. Alguna vez, la inspiración fue mi compañera segura, como tú en mis brazos.
Son eternas, amada mía. A pesar del tiempo, tú y yo las hacemos eternas.
Si las moldeamos en la mente, si las imaginamos en la boca, si las tocamos en el hálito que exhalan.
Si dejamos que el corazón insufle su sangre viva.
Ahora, tú me observas. Callada.
Como alguna vez me miraste. Aquella primera vez que con mis versos, equivocadamente o no, te prometí que las palabras eran efímeras.
Me preguntas sin mucha convicción, y yo te observo. Intentando enhebrarlas en tus versos.
Como fluyen manantiales de tus manos, que escriben sin tiempos, en los límites de pasiones olvidadas.
Sabes bien que te envidio. Alguna vez, la inspiración fue mi compañera segura, como tú en mis brazos.
Son eternas, amada mía. A pesar del tiempo, tú y yo las hacemos eternas.
Si las moldeamos en la mente, si las imaginamos en la boca, si las tocamos en el hálito que exhalan.
Si dejamos que el corazón insufle su sangre viva.
Ahora, tú me observas. Callada.
Como alguna vez me miraste. Aquella primera vez que con mis versos, equivocadamente o no, te prometí que las palabras eran efímeras.