Lírico.
Exp..
Evidencia forense
La foto en blanco y negro
tomada desde arriba;
su cuerpo yace muerto
apuñalado sobre
la cama. Observan fijos
sus ojos la tremenda
escena con que acaba
este peregrinaje
del alma en la materia.
Sin duda es esa luz
de adiós alucinado
aquello para lo que
debemos prepararnos.
En nuestro extraño tiempo,
no hacemos otra cosa
que desacostumbrarnos
a ese morir profundo
que es la vida del hombre.
Sabemos bien que el paso
del tiempo es relativo,
por eso ese minuto
de sueño agigantado
que habrá de conminarnos
el día entre los días,
puede durar, en sí,
eternidad sucinta
y acaso rigurosa,
por la que navegar
sin miedo alguno.
La foto en blanco y negro
tomada desde arriba;
su cuerpo yace muerto
apuñalado sobre
la cama. Observan fijos
sus ojos la tremenda
escena con que acaba
este peregrinaje
del alma en la materia.
Sin duda es esa luz
de adiós alucinado
aquello para lo que
debemos prepararnos.
En nuestro extraño tiempo,
no hacemos otra cosa
que desacostumbrarnos
a ese morir profundo
que es la vida del hombre.
Sabemos bien que el paso
del tiempo es relativo,
por eso ese minuto
de sueño agigantado
que habrá de conminarnos
el día entre los días,
puede durar, en sí,
eternidad sucinta
y acaso rigurosa,
por la que navegar
sin miedo alguno.