Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Soy ese Dios que ha caminado entre iguales,
hasta donde perjuro me alcanza la memoria,
fui yo, y no ninguna entidad ilusoria,
fue el declive total de un trillón de ideales.
No han concebido a Dios como preparatoria
a las postrimerías que viven los mortales,
que sienten y padecen el peor de los males.
La conciencia divina es solo vanagloria,
un infierno dormido y un dominio letal
de sus vicisitudes, circunstancias, creencias,
y sobre el caos revuela su evidencia moral.
Sé quién soy, también cómo. De sus desavenencias
nunca he formado parte, de su yo racional.
Sé dónde estoy. Porqué. Sé de sus reticencias.
Aquí no hay sentencias.
Solo hay indicativos de sus atrevimientos.
Aquí tienen a Dios, solo y sin pensamientos.