José Lucena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al dormir en tu regazo
pude sentir tus montañas
más allá del espinazo,
y como un loco con mañas
fui tocando aquellos pinos
cargados de santidad
y de ramos zucarinos
que despiertan mi deidad.
En tus ojos aceitosos
brilla un deseo desnudo;
saltan los miembros penosos
para acrecentar el nudo
que retoza en tus caderas.
Riachuelos de excitación
nos bañan como dos fieras
unidas a la pasión.
Se penetran los sentidos
al unirse nuestras masas,
los labios fueron bebidos
y tirados a las brasas...
allá... en las cortas esquinas,
donde las piernas convergen
y corren aguas salinas
sin saber de dónde emergen.
pude sentir tus montañas
más allá del espinazo,
y como un loco con mañas
fui tocando aquellos pinos
cargados de santidad
y de ramos zucarinos
que despiertan mi deidad.
En tus ojos aceitosos
brilla un deseo desnudo;
saltan los miembros penosos
para acrecentar el nudo
que retoza en tus caderas.
Riachuelos de excitación
nos bañan como dos fieras
unidas a la pasión.
Se penetran los sentidos
al unirse nuestras masas,
los labios fueron bebidos
y tirados a las brasas...
allá... en las cortas esquinas,
donde las piernas convergen
y corren aguas salinas
sin saber de dónde emergen.