Faustgalen
Poeta recién llegado
Ya no tenemos tiempo para redefinirlo todo,
Ni tiempo para comprar el tiempo,
El oráculo yace frente al genio de la especie,
Con una sonrisa perversa que augura el holocausto,
Sentado rampante en su trono, lamiéndose los labios y apretando los puños,
Y las flores se marchitan en el corazón del artista, que llora desconsolado,
Mientras engulle con fruición su alma, desgastada.
¡De tanto asco!
Ya la pila de libros no dan respuestas,
¡Y los libros no hablan!, como antes;
Cuando parecía que decían algo,
Pero el mago del tiempo surge entre esta nada,
Y las buenas personas ya no son el arquetipo codiciado,
Son la idea de un tiempo despreciable y risible,
El ardid de los comerciantes de crustáceos, cosas viscosas y autoayuda,
La idea de un tiempo henchido de gusanos gordos,
Que se retuercen devorando pretextos.
La humanidad tiene medio siglo para salir de la nueva crisálida,
Y el experimento de los dioses fue un rotundo fracaso,
Pero los arcontes se burlan de los transhumanistas,
Que desean, —ellos solo desean— semejarse a ellos,
Pero solo vuelan como insectos en la extensión de la materia observable,
Y la imaginación del orbe precede a la formación de mundos inescrutables,
Y esta es la idea, y única, que trasciende la especie.
Pero la nada es el pasatiempo de los dioses,
Que miran con asombro a sus ratas de laberintos esquizotípicos,
Ellos creen, firmemente, en la ciencia de la nada,
En la consciencia del ego, en la fosa de las Marianas,
En el viaje al cosmos de la no realidad,
En la música de Preisner, viajando en el Aqueronte,
En el alma de la Ayahuasca,
En la fisiología del sueño y la muerte,
…la muerte que no llega.
Ni tiempo para comprar el tiempo,
El oráculo yace frente al genio de la especie,
Con una sonrisa perversa que augura el holocausto,
Sentado rampante en su trono, lamiéndose los labios y apretando los puños,
Y las flores se marchitan en el corazón del artista, que llora desconsolado,
Mientras engulle con fruición su alma, desgastada.
¡De tanto asco!
Ya la pila de libros no dan respuestas,
¡Y los libros no hablan!, como antes;
Cuando parecía que decían algo,
Pero el mago del tiempo surge entre esta nada,
Y las buenas personas ya no son el arquetipo codiciado,
Son la idea de un tiempo despreciable y risible,
El ardid de los comerciantes de crustáceos, cosas viscosas y autoayuda,
La idea de un tiempo henchido de gusanos gordos,
Que se retuercen devorando pretextos.
La humanidad tiene medio siglo para salir de la nueva crisálida,
Y el experimento de los dioses fue un rotundo fracaso,
Pero los arcontes se burlan de los transhumanistas,
Que desean, —ellos solo desean— semejarse a ellos,
Pero solo vuelan como insectos en la extensión de la materia observable,
Y la imaginación del orbe precede a la formación de mundos inescrutables,
Y esta es la idea, y única, que trasciende la especie.
Pero la nada es el pasatiempo de los dioses,
Que miran con asombro a sus ratas de laberintos esquizotípicos,
Ellos creen, firmemente, en la ciencia de la nada,
En la consciencia del ego, en la fosa de las Marianas,
En el viaje al cosmos de la no realidad,
En la música de Preisner, viajando en el Aqueronte,
En el alma de la Ayahuasca,
En la fisiología del sueño y la muerte,
…la muerte que no llega.