Gustavo Arroyo
Poeta asiduo al portal
Con tu muy acostumbrado
gesto déspota y dominante,
ese que frecuentemente,
de la manera más injuriante,
usas para imponer a la brava
tu voluntad apabullante,
pretendiste una vez más
alcanzar tu capricho incesante:
¡Me exigiste de por vida
oficios propios de amante!
Yo, que bien te conocía,
sin fiarme del porte elegante,
sabiendo que bajo el pellejo escondías
una criatura marca Dante,
con la diplomacia del caso
y acompañado de un tabaco humeante,
me largué para siempre
aquella noche de cuarto menguante.
-G. Arroyo, 06/Abr./2011-
gesto déspota y dominante,
ese que frecuentemente,
de la manera más injuriante,
usas para imponer a la brava
tu voluntad apabullante,
pretendiste una vez más
alcanzar tu capricho incesante:
¡Me exigiste de por vida
oficios propios de amante!
Yo, que bien te conocía,
sin fiarme del porte elegante,
sabiendo que bajo el pellejo escondías
una criatura marca Dante,
con la diplomacia del caso
y acompañado de un tabaco humeante,
me largué para siempre
aquella noche de cuarto menguante.
-G. Arroyo, 06/Abr./2011-
Última edición: