Hector Alberto Villarruel
Poeta que considera el portal su segunda casa
EXILIO
No bastó para ahogar infortunios
las hogueras del tiempo.
Invisible oído opacó el sonido
y si ecos...las ansias se perdieron.
Sin oídos, sin palabras, sin clemencia,
sobrevino el sielncio.
Cabalgó el infortunio.
La vigilia se pobló de espanto
de esperanza incierta...,
y la palabra muda,
se reveló en el misterio.
Misterio de las voces que se fueron,
misterio de mezquinos intereses
muro insalvable en humanos seres
patriarcas de los reinos más horrendos.
¡Hay un turbión imprevisible!,
remolinos de niños,
que giran asidos a un destino incierto...
Y la plegaria muda
desde el exilio interno
sin hallar humano eco,
por los carriles del mundo
siguen rodando...rodando...,
¡detrás, quedaron los sueños...!!!
Hector Alberto Villarruel.
No bastó para ahogar infortunios
las hogueras del tiempo.
Invisible oído opacó el sonido
y si ecos...las ansias se perdieron.
Sin oídos, sin palabras, sin clemencia,
sobrevino el sielncio.
Cabalgó el infortunio.
La vigilia se pobló de espanto
de esperanza incierta...,
y la palabra muda,
se reveló en el misterio.
Misterio de las voces que se fueron,
misterio de mezquinos intereses
muro insalvable en humanos seres
patriarcas de los reinos más horrendos.
¡Hay un turbión imprevisible!,
remolinos de niños,
que giran asidos a un destino incierto...
Y la plegaria muda
desde el exilio interno
sin hallar humano eco,
por los carriles del mundo
siguen rodando...rodando...,
¡detrás, quedaron los sueños...!!!
Hector Alberto Villarruel.