jeanpau
Poeta asiduo al portal
Viene destilando desde el ruedo de la vida
los esfuerzos que aprisionan los lugares,
ráfagas que apolillan los callos de las manos,
las dagas que acuchillan los últimos sudores.
Cuesta arriba en la rueca sin fin,
las piedras que amotinan los albores,
quieren estallar las sienes,
en la vista matinal del enderezo.
Cansado camina el hombre errante,
espera en lo alto de la empinada falda,
una herida constante que al fin germina,
emprende su vuelo de diamante.
El foráneo eco de salmuera
rosa el ojo vagabundo,
de quien, caminar mas pudo.
La colina que en lo alto precipicio,
el éxito que existe al fondo del abismo.
No hay lugar más puro
ni sendero cómodo,
para quien luchar, con la vida advierte.
La temeridad propicia en la tremenda marcha,
una coraza de roble inquebrantable.
los esfuerzos que aprisionan los lugares,
ráfagas que apolillan los callos de las manos,
las dagas que acuchillan los últimos sudores.
Cuesta arriba en la rueca sin fin,
las piedras que amotinan los albores,
quieren estallar las sienes,
en la vista matinal del enderezo.
Cansado camina el hombre errante,
espera en lo alto de la empinada falda,
una herida constante que al fin germina,
emprende su vuelo de diamante.
El foráneo eco de salmuera
rosa el ojo vagabundo,
de quien, caminar mas pudo.
La colina que en lo alto precipicio,
el éxito que existe al fondo del abismo.
No hay lugar más puro
ni sendero cómodo,
para quien luchar, con la vida advierte.
La temeridad propicia en la tremenda marcha,
una coraza de roble inquebrantable.
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