Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ÉXODO DE HUÉSPEDES
LOS DÍAS HAN DEVORADO LOS TRAJINES,
los días que pesarosamente cargan los despidos,
las vueltas, los ciclos,
los eternos reinicios que desde el futuro
castigan iracundos presentes
machacando con suma gravedad
ese sismo de dicha que presiente
que la hora final tardíamente ha llegado.
Los huéspedes de todo el mundo,
los valientes transeúntes marchando
con su carga explosiva de temores y ansias,
de dolores y anhelos;
los hombres que llevamos meditando en las espaldas
sigilosamente engullendo sorbo a sorbo el vino en su bota,
dejándonos las hueras cáscaras,
un desapasionado gesto de cortesía y otro de ingrávida malicia.
Las casas ahora son islas solitarias,
los jardines alardean sus aromas huérfanos,
las mascotas mascan con su llantito inmune a la soberbia;
los antiguos dueños por fin decidieron
levantar su tienda en otro destierro sin trincheras ni barracas.
El mundo se ha quedado solo
expectante en su lirismo de ocasos
llameante en su exilio matutino.
Todos nos hemos ido para siempre,
con la soledad a cuestas arrastramos lápidas anónimas.
A los eternos nómadas que somos todos, a aquellos que nos precedieron.
LOS DÍAS HAN DEVORADO LOS TRAJINES,
los días que pesarosamente cargan los despidos,
las vueltas, los ciclos,
los eternos reinicios que desde el futuro
castigan iracundos presentes
machacando con suma gravedad
ese sismo de dicha que presiente
que la hora final tardíamente ha llegado.
Los huéspedes de todo el mundo,
los valientes transeúntes marchando
con su carga explosiva de temores y ansias,
de dolores y anhelos;
los hombres que llevamos meditando en las espaldas
sigilosamente engullendo sorbo a sorbo el vino en su bota,
dejándonos las hueras cáscaras,
un desapasionado gesto de cortesía y otro de ingrávida malicia.
Las casas ahora son islas solitarias,
los jardines alardean sus aromas huérfanos,
las mascotas mascan con su llantito inmune a la soberbia;
los antiguos dueños por fin decidieron
levantar su tienda en otro destierro sin trincheras ni barracas.
El mundo se ha quedado solo
expectante en su lirismo de ocasos
llameante en su exilio matutino.
Todos nos hemos ido para siempre,
con la soledad a cuestas arrastramos lápidas anónimas.
A los eternos nómadas que somos todos, a aquellos que nos precedieron.
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