Z. Gómez
Poeta recién llegado
Éxodo
Era tan pobre, tan pobre,
que tenía por casa un palacio;
a diario pasaban mil hombres
y mujeres que no hacían caso.
Su inocencia la escondió de la guerra
que en su pueblo hacían sus hermanos,
abandonando en penumbras su tierra
con otros niños, mujeres y ancianos.
Le peinaba el cabello su abuela
con listones de precio barato
y de barro se hizo la suela
que jamás llevaría un zapato.
Recogió los colores que el viento
le pone siempre a las flores de abril,
y el rojo que le dieron sus muertos
fue el hilo que bordó su huipil.
Llegó al lugar donde dijeron
vivía quien daría solución,
sin saber que los dioses le hicieron
de plomo el oído... y el corazón.
Por las noches tomaba de abrigo
el aire corriendo en los portales,
y de sus sueños eran testigos
vallas, escudos y armas letales.
Cien guardias vigilaban atentos
cualquier intento de reclamo;
cien perros, rabiosos y hambrientos,
obedeciendo la orden del amo.
Comprendió que no sería corto
el tiempo que sentiría el hambre
mientras su pueblo, ahora ya roto,
siguiera bañándose en sangre.
Supo que era entonces el momento
de ahogar sus intentos de razón
y dejar que en su pensamiento
hubiera tan sólo resignación.
Y buscó entre ilusiones de cobre
una que coloreara su espacio...
porque era tan pobre, tan pobre,
que tenía por casa un palacio.
Era tan pobre, tan pobre,
que tenía por casa un palacio;
a diario pasaban mil hombres
y mujeres que no hacían caso.
Su inocencia la escondió de la guerra
que en su pueblo hacían sus hermanos,
abandonando en penumbras su tierra
con otros niños, mujeres y ancianos.
Le peinaba el cabello su abuela
con listones de precio barato
y de barro se hizo la suela
que jamás llevaría un zapato.
Recogió los colores que el viento
le pone siempre a las flores de abril,
y el rojo que le dieron sus muertos
fue el hilo que bordó su huipil.
Llegó al lugar donde dijeron
vivía quien daría solución,
sin saber que los dioses le hicieron
de plomo el oído... y el corazón.
Por las noches tomaba de abrigo
el aire corriendo en los portales,
y de sus sueños eran testigos
vallas, escudos y armas letales.
Cien guardias vigilaban atentos
cualquier intento de reclamo;
cien perros, rabiosos y hambrientos,
obedeciendo la orden del amo.
Comprendió que no sería corto
el tiempo que sentiría el hambre
mientras su pueblo, ahora ya roto,
siguiera bañándose en sangre.
Supo que era entonces el momento
de ahogar sus intentos de razón
y dejar que en su pensamiento
hubiera tan sólo resignación.
Y buscó entre ilusiones de cobre
una que coloreara su espacio...
porque era tan pobre, tan pobre,
que tenía por casa un palacio.
Z. Gómez
(Imagen de mujeres de la etnia denominada Triqui en Oaxaca, México. Actualmente, en la región triqui se vive una situación de conflicto entre miembros de la misma etnia pero de diferentes grupos. De alguna manera -quizás no de proporciones tan grandes- se puede hacer una analogía con lo vivido entre los Tutsi y los Hutu en Ruanda. Esto los ha obligado a hacer un campamento permanente de protesta a las afueras del Palacio de Gobierno de este estado en la República Mexicana. El gobierno local ha intentado en algunas ocasiones retirarlos utilizando la fuerza pública)
Foto tomada por un periódico local en diciembre de 2012.
Espero que esta información esté ad hoc con las políticas del foro. De no ser así, indíquenme qué hacer, o ayúdenme removiendo o modificando lo que resulte conveniente. Gracias
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