Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Siempre mastico formas cuneiformes,
abro puertas que dan al entresijo,
bisagras que desarman guarniciones de estíos
-aleaciones que lloran impurezas-
con un sol desnudando mis costillas
coronadas por símiles y esternones vacíos
donde golpean mudos, su lenguaje de signos ancestrales,
indicios, sólo eso
-el orden de apariencias no altera el resultado de mis cábalas-.
Les verán perseguirse tras leguas inviables,
mientras el temerario alud de sus ideas
-cumbre perpetua, cumbre metafísica
de la cual salen ojos que no hablan-
impregna los conceptos
-lavarán su conciencia con pronósticos-.
Yo estuve allí.
Y sé lo que se siente, y tuve que aprender
a controlar mis ritos esotéricos
y a conciliar los sueños que nunca me subliman
-mis hojas otoñando el subconsciente-,
hasta escribir poemas sin razón ni verdad ni discusión
-me ha engullido un oráculo que nunca me predice-.
abro puertas que dan al entresijo,
bisagras que desarman guarniciones de estíos
-aleaciones que lloran impurezas-
con un sol desnudando mis costillas
coronadas por símiles y esternones vacíos
donde golpean mudos, su lenguaje de signos ancestrales,
indicios, sólo eso
-el orden de apariencias no altera el resultado de mis cábalas-.
Les verán perseguirse tras leguas inviables,
mientras el temerario alud de sus ideas
-cumbre perpetua, cumbre metafísica
de la cual salen ojos que no hablan-
impregna los conceptos
-lavarán su conciencia con pronósticos-.
Yo estuve allí.
Y sé lo que se siente, y tuve que aprender
a controlar mis ritos esotéricos
y a conciliar los sueños que nunca me subliman
-mis hojas otoñando el subconsciente-,
hasta escribir poemas sin razón ni verdad ni discusión
-me ha engullido un oráculo que nunca me predice-.