Últimamente me pregunto por la mañana
cuanto ha pasado del último día cojonudamente bueno,
no soy pesimista, cada jornada prometo
que hoy volverá esa sensación,
por la mañana exprimo una naranja que grita "no lo hagas",
cada noche exprimo el día y me quedo con su elixir,
cojonudamente bueno.
Conquistare tu corazón sin que te des cuenta,
entrare sigiloso como el caballo en Troya,
colapsando cada uno de tus sentidos,
si mi día no es bueno, el tuyo será espléndido
y para mi habrá sido lo mismo.
Cerca del recreo en la escuela,
las sonrisas vuelan en el aire,
haciendo el indio sin prohibición,
aceptando la etapa finita de locura infantil,
que a veces nos atrapa ya bien crecidos,
convirtiendo el tiempo en conjonudamente bueno.
Disfrutar sobre una pradera húmeda,
tan poco puede ser tanto,
que tus aspiraciones por convertirte en un ser superior,
se evaporan en injustas nubes negras,
nuestros cuerpos se sumergen en el regalo de la lluvia.
Emerjo de las sombrías miradas,
que oscurecen los días mas soleados,
parapeto los sensores neuronales de la felicidad,
para que ninguna otra marea negra,
ensucie la arena en un día tan bueno.
Repatriadas memorias cubiertas por la manta de la falsedad,
dejan los pies helados bajo una capa de desesperanza,
dibujada sonrisa en un rostro congelado y cabizbajo,
en verano añora el aroma hogareño del invierno,
en invierno los días soleados tan cojonudamente buenos.
cuanto ha pasado del último día cojonudamente bueno,
no soy pesimista, cada jornada prometo
que hoy volverá esa sensación,
por la mañana exprimo una naranja que grita "no lo hagas",
cada noche exprimo el día y me quedo con su elixir,
cojonudamente bueno.
Conquistare tu corazón sin que te des cuenta,
entrare sigiloso como el caballo en Troya,
colapsando cada uno de tus sentidos,
si mi día no es bueno, el tuyo será espléndido
y para mi habrá sido lo mismo.
Cerca del recreo en la escuela,
las sonrisas vuelan en el aire,
haciendo el indio sin prohibición,
aceptando la etapa finita de locura infantil,
que a veces nos atrapa ya bien crecidos,
convirtiendo el tiempo en conjonudamente bueno.
Disfrutar sobre una pradera húmeda,
tan poco puede ser tanto,
que tus aspiraciones por convertirte en un ser superior,
se evaporan en injustas nubes negras,
nuestros cuerpos se sumergen en el regalo de la lluvia.
Emerjo de las sombrías miradas,
que oscurecen los días mas soleados,
parapeto los sensores neuronales de la felicidad,
para que ninguna otra marea negra,
ensucie la arena en un día tan bueno.
Repatriadas memorias cubiertas por la manta de la falsedad,
dejan los pies helados bajo una capa de desesperanza,
dibujada sonrisa en un rostro congelado y cabizbajo,
en verano añora el aroma hogareño del invierno,
en invierno los días soleados tan cojonudamente buenos.