Nommo
Poeta veterano en el portal
Me preguntas que por qué
demonios lo hice,
si perfectamente puede un hombre
pulular por el planeta Tierra,
sin meter las narices
en los asuntos de los pechos grandes.
Pero a decir verdad, la gruta
conducía a una mina de esmeraldas,
y aquélla era una ciudad sin nombre,
donde ansiábamos bailar,
dando brincos, al son del violín,
con prostitutas. El caso
es que mi socio se emborrachaba,
y los vecinos se solidarizaban con él,
a veces.
Pero la sobriedad austera me estimula.
Es el Servicio Militar,
que me conmueve. Y al indio
nativo americano, no intento
crucificar como si fuera buen pastor,
en Galilea; sino que al rey David
apelo, como ancestro que fue,
vía materna, del león de Judá.
Vía paterna, nobles patricios romanos.
Así, pues, el racismo
no me satisface, y al mulato
tampoco lapido por mezclarse
con las blancas y morenas.
A los chinos no desprecio,
porque entiendo de fatigas,
en la construcción de las vías
del ferrocarril, que va de costa a costa.
Pero ¿ Quién me llama a mí ?
A meter, también, la lengua,
do la montaña sube su falda,
y entonces, los enanitos
de Blancanieves, en Alaska,
hacen su Agosto, bien abrigados,
extrayendo pepitas de oro,
cuyo valor es tan agudo, que
una soprano podría alcanzar el éxtasis.
Si lo calcula y lo presiente.
demonios lo hice,
si perfectamente puede un hombre
pulular por el planeta Tierra,
sin meter las narices
en los asuntos de los pechos grandes.
Pero a decir verdad, la gruta
conducía a una mina de esmeraldas,
y aquélla era una ciudad sin nombre,
donde ansiábamos bailar,
dando brincos, al son del violín,
con prostitutas. El caso
es que mi socio se emborrachaba,
y los vecinos se solidarizaban con él,
a veces.
Pero la sobriedad austera me estimula.
Es el Servicio Militar,
que me conmueve. Y al indio
nativo americano, no intento
crucificar como si fuera buen pastor,
en Galilea; sino que al rey David
apelo, como ancestro que fue,
vía materna, del león de Judá.
Vía paterna, nobles patricios romanos.
Así, pues, el racismo
no me satisface, y al mulato
tampoco lapido por mezclarse
con las blancas y morenas.
A los chinos no desprecio,
porque entiendo de fatigas,
en la construcción de las vías
del ferrocarril, que va de costa a costa.
Pero ¿ Quién me llama a mí ?
A meter, también, la lengua,
do la montaña sube su falda,
y entonces, los enanitos
de Blancanieves, en Alaska,
hacen su Agosto, bien abrigados,
extrayendo pepitas de oro,
cuyo valor es tan agudo, que
una soprano podría alcanzar el éxtasis.
Si lo calcula y lo presiente.
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