EL ARPONERO DE LA TINTA
Poeta asiduo al portal
(Al eterno marinero)
En este cuaderno dejo sangrar mi letra
y nadie puede ver mi trazo
abroquelado en el contorno;
busco el espiral de la hora
tras los exiguos minutos
y siento la fiebre en mis huesos
y aquella humedad en mi alma.
En breve me disfruto
en una mañana afuera
y temo que el asombro
se produzca,
allende, tras el mito.
Nitratos de fe alucinan, entre,
y viejos calvarios vuelven
en aledañas formas,
torpemente,
cual una simple vacuola.
¡Joder del destino y anuencia
del simposio,
do muerde el calvario
y ruge con brío la sombra!
Conozco del sigilo, la musa,
en el peldaño
mas no grito su nombre
en este papiro.
Obediente a mi destino,
exijo a mi chalupa
transfundirse en la mar
columpiando su porte
a estribor,
bajo una luna escarlata.
No dejo letra ni testamento
en mi cuaderno,
sólo un ronquido aledaño.
En la pirueta del mar
una chalupa se adentra en un infinito
Océano.
En este cuaderno dejo sangrar mi letra
y nadie puede ver mi trazo
abroquelado en el contorno;
busco el espiral de la hora
tras los exiguos minutos
y siento la fiebre en mis huesos
y aquella humedad en mi alma.
En breve me disfruto
en una mañana afuera
y temo que el asombro
se produzca,
allende, tras el mito.
Nitratos de fe alucinan, entre,
y viejos calvarios vuelven
en aledañas formas,
torpemente,
cual una simple vacuola.
¡Joder del destino y anuencia
del simposio,
do muerde el calvario
y ruge con brío la sombra!
Conozco del sigilo, la musa,
en el peldaño
mas no grito su nombre
en este papiro.
Obediente a mi destino,
exijo a mi chalupa
transfundirse en la mar
columpiando su porte
a estribor,
bajo una luna escarlata.
No dejo letra ni testamento
en mi cuaderno,
sólo un ronquido aledaño.
En la pirueta del mar
una chalupa se adentra en un infinito
Océano.