EXTINTA ALMA POR UN LINDERO
Un viejo anciano
de arrugado rostro,
fuerza dura,
ajado y curtido por los improperios de la existencia,
tal las últimas casonas fantasmales y coloniales,
que albergan en escondidos espacios ecos de almas en pena,
peleaba con su más fiel y amigo vecino
también , bien viejo,
los linderos de su cuadra de tierra:
-Que el lindero pasa por ese mojón-
-Que el lindero pasa por más allá-
demandas más, ruegos menos,
y toda la vida en esa misma canción.
Hasta que un día,
el complaciente sueño al octogenario por siempre durmió,
y el otro viejo solo,
sin con quién pelear por el lindero quedó.
Pero no,
en una noche de lluvias crudas,
noche de rayos deslumbrantes,
noche de vientos fuertes y sonidos de infortunio,
el espíritu del octogenario muerto
en el hondonado camino
frente a su vecino que iba a casa apareció,
y tenaz zumba de golpes
por correr el lindero,
el agresivo espíritu al viejo dio.
Con voces encontradas
cuenta el viejo golpeado por el espíritu,
que el médico cinco puntos en la ceja cogió
y muchos magullones y amoratados su cuerpo resultó.
Aun después de muerto,
el longevo anciano sigue peleando el lindero
como sino le alcanzara la tierra que dejó,
y necesita más abrigo para el sueño dulce
en el hueco donde fue enterrado.
luecamon
Un viejo anciano
de arrugado rostro,
fuerza dura,
ajado y curtido por los improperios de la existencia,
tal las últimas casonas fantasmales y coloniales,
que albergan en escondidos espacios ecos de almas en pena,
peleaba con su más fiel y amigo vecino
también , bien viejo,
los linderos de su cuadra de tierra:
-Que el lindero pasa por ese mojón-
-Que el lindero pasa por más allá-
demandas más, ruegos menos,
y toda la vida en esa misma canción.
Hasta que un día,
el complaciente sueño al octogenario por siempre durmió,
y el otro viejo solo,
sin con quién pelear por el lindero quedó.
Pero no,
en una noche de lluvias crudas,
noche de rayos deslumbrantes,
noche de vientos fuertes y sonidos de infortunio,
el espíritu del octogenario muerto
en el hondonado camino
frente a su vecino que iba a casa apareció,
y tenaz zumba de golpes
por correr el lindero,
el agresivo espíritu al viejo dio.
Con voces encontradas
cuenta el viejo golpeado por el espíritu,
que el médico cinco puntos en la ceja cogió
y muchos magullones y amoratados su cuerpo resultó.
Aun después de muerto,
el longevo anciano sigue peleando el lindero
como sino le alcanzara la tierra que dejó,
y necesita más abrigo para el sueño dulce
en el hueco donde fue enterrado.
luecamon