jerico arlequin
Poeta recién llegado
Vestía un traje suelto,
en voluptuosos quiebres de un color indeciso,
y sus manos blancas por el cruel invierno
Sostenían un extraño libro
Y en cuyas blancas hojas,
Vagaron las plumas que describieron versos de dolor y amargura
Allí, en aquel libro,
donde la vida llora y la muerte sonríe
y el contenido como fuerte acido, corazones deslié...
La luna como hija de un Dios,
desde el oriente, me dibuja el camino hacia ese extraño ser viviente,
al acercarme el extraño ser un gemido emitía,
como buscando un alma perdida por aquella montaña vacía
Abatiendo sus alas, grandes alas doradas
yo un humilde poeta cante tristes versos
al ver que mi alma sola ante ese ser se acercaba
Al verme ese extraño ser viviente
estiro sus manos Y doblo lentamente una página postrera
Quede pensando,
pensando en la amargura que padecen muchos extraños
y en la dulce calma de una noche sombría, aquel ser me demostró que algo más allá existía.
Supe por fin entender
que, armando los detalles, odiar al universo;
sacrificar al mundo para pulir un verso;
alas de águila y garras de leones
con que domar los corazones.
Esperar la noche, las oscuras garras
que arrebatan las alas a las humildes almas.
Oír los mudos ecos que nublan los santuarios
armar con ellos versos, armarlos hasta construir un extraño canto.
Tener la frente en llamas y los pies en el lodo querer sentirlo, y adivinarlo todo.
Pensé mucho
al ver pasar esas oscuras páginas que suelen robar la calma,
Y al saber que sus versos suelen partir el alma.
Mientras entendía esto,
circulaban ráfagas de misterio,
entre los negros pinos del blanco cementerio...
Y manchando su lapida con un epitafio;
talle en ella un verso pagano y doliente,
un verso como el pétalo de una rosa marchita.
que llore su caída, que cante a lo que fue su belleza,
que encierre sus sueños y que entierre su alegoría.
allí una dama gótica de cara recta
y unas hadas tristes de belleza excelsa:
derramaron sus lágrimas para sellar esa extraña fuerza.
JERICÓ ARLEQUIN GERQUIN MERLIN
en voluptuosos quiebres de un color indeciso,
y sus manos blancas por el cruel invierno
Sostenían un extraño libro
Y en cuyas blancas hojas,
Vagaron las plumas que describieron versos de dolor y amargura
Allí, en aquel libro,
donde la vida llora y la muerte sonríe
y el contenido como fuerte acido, corazones deslié...
La luna como hija de un Dios,
desde el oriente, me dibuja el camino hacia ese extraño ser viviente,
al acercarme el extraño ser un gemido emitía,
como buscando un alma perdida por aquella montaña vacía
Abatiendo sus alas, grandes alas doradas
yo un humilde poeta cante tristes versos
al ver que mi alma sola ante ese ser se acercaba
Al verme ese extraño ser viviente
estiro sus manos Y doblo lentamente una página postrera
Quede pensando,
pensando en la amargura que padecen muchos extraños
y en la dulce calma de una noche sombría, aquel ser me demostró que algo más allá existía.
Supe por fin entender
que, armando los detalles, odiar al universo;
sacrificar al mundo para pulir un verso;
alas de águila y garras de leones
con que domar los corazones.
Esperar la noche, las oscuras garras
que arrebatan las alas a las humildes almas.
Oír los mudos ecos que nublan los santuarios
armar con ellos versos, armarlos hasta construir un extraño canto.
Tener la frente en llamas y los pies en el lodo querer sentirlo, y adivinarlo todo.
Pensé mucho
al ver pasar esas oscuras páginas que suelen robar la calma,
Y al saber que sus versos suelen partir el alma.
Mientras entendía esto,
circulaban ráfagas de misterio,
entre los negros pinos del blanco cementerio...
Y manchando su lapida con un epitafio;
talle en ella un verso pagano y doliente,
un verso como el pétalo de una rosa marchita.
que llore su caída, que cante a lo que fue su belleza,
que encierre sus sueños y que entierre su alegoría.
allí una dama gótica de cara recta
y unas hadas tristes de belleza excelsa:
derramaron sus lágrimas para sellar esa extraña fuerza.
JERICÓ ARLEQUIN GERQUIN MERLIN
Última edición: