Avelino
Poeta veterano/a en el portal
EXTRAÑO OFICIO
Lo habían contratado,
le pagaban un sueldo.
Pero no le dijeron
que su función era ser
entretenimiento de las máquinas.
Tan sólo un instrumento más
de sus duras y frías distracciones.
Los artefactos trataron de atontarlo,
le reiteraron por los ojos
una monótona sucesión de latas,
de piezas exquemáticas.
Le zapatearon sobre los oídos
una tempestad de percusiones
que taladraba los dientes
y cosía el entrecejo.
De tanto en tanto
le rebanaban algún dedo
tan sólo por volverlo más sumiso.
Debe haber descubierto algo,
un gesto sospechoso,
alguna sonrisita irónica, algo
que delató las intenciones
de las máquinas.
Porque se fue y
las dejó hablando solas.
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