laura solar salas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Extraño el paisaje reflejado en tu mirada,
que feliz en ella, la mía quedaba prisionera.
la noche esperabas paciente para darle libertad,
y ver el brillo en mis ojos, de mujer enamorada.
Extraño tus caricias que mis desosiegos calmaban,
tu traviesa risa burlándose de mis temores.
pegada a tu espalda susurraba lo mucho que te amaba,
mis palabras enrededas en tu pelo se quedaban.
Extraño en nuestro horizonte la agonía de la tarde.
adimirando como el piélago engullía la gama de colores,
fundidos en el inmenso prisma que el mar nos ofrecía,
imaginándonos a Leonardo y sus pinceles.
Pinceles que lograron en la gloria plasmar.
el brillo de tu mirada que me logro enamorar,
luceros atrapaban su hermoso y tierno fulgor,
luces del alba la regresaban, con todo su esplendor.
Extraño aquellas noches sentados frente al fuego.
disfrutando en silencio de nuestra mutua compañía,
tejiendo sueños de amor, bordando nuestra historia,
esperanzada que duraría hasta el fín de nuestros días.
Extraño cada palabra que en el viento se extravío.
celosos céfiros hurtaron el sonido de tu cálida voz,
traviesos duendes intentaron a mis oídos regresarlas,
todo fue en vano ¡nunca más, volví a escucharla!.
Extraño nuestros paseos bajo una luna enamorada.
con polvo de estrellas dibujábamos dos corazones,
su luz ahora alumbra el umbral de mi triste alma,
y un corazón sin latidos... que me dejo tu adíos.
que feliz en ella, la mía quedaba prisionera.
la noche esperabas paciente para darle libertad,
y ver el brillo en mis ojos, de mujer enamorada.
Extraño tus caricias que mis desosiegos calmaban,
tu traviesa risa burlándose de mis temores.
pegada a tu espalda susurraba lo mucho que te amaba,
mis palabras enrededas en tu pelo se quedaban.
Extraño en nuestro horizonte la agonía de la tarde.
adimirando como el piélago engullía la gama de colores,
fundidos en el inmenso prisma que el mar nos ofrecía,
imaginándonos a Leonardo y sus pinceles.
Pinceles que lograron en la gloria plasmar.
el brillo de tu mirada que me logro enamorar,
luceros atrapaban su hermoso y tierno fulgor,
luces del alba la regresaban, con todo su esplendor.
Extraño aquellas noches sentados frente al fuego.
disfrutando en silencio de nuestra mutua compañía,
tejiendo sueños de amor, bordando nuestra historia,
esperanzada que duraría hasta el fín de nuestros días.
Extraño cada palabra que en el viento se extravío.
celosos céfiros hurtaron el sonido de tu cálida voz,
traviesos duendes intentaron a mis oídos regresarlas,
todo fue en vano ¡nunca más, volví a escucharla!.
Extraño nuestros paseos bajo una luna enamorada.
con polvo de estrellas dibujábamos dos corazones,
su luz ahora alumbra el umbral de mi triste alma,
y un corazón sin latidos... que me dejo tu adíos.