James Daniela
Poeta recién llegado
Extraño tus historias por las noches compartiendo la misma almohada.
Extraño tus regaños, tus quejas, que me esperes hasta tarde aunque estés muy cansada.
Extraño tus contados "te quiero" que tanto te costaba decir. Pero los demostrabas con cada sacrificio tuyo, de tu alma por mi.
Extraño... te extraño yo a ti.
Esos desayunos inigualables, esas meriendas esperadas.
Tus caricias, tus besos, tus miradas.
Elegiste otra vida muy distinta a la que vivo yo.
Un camino hecho por ti, desiciones tuyas propias, a tu manera.
A tu manera tu vida y tu razón, tus compañías y tu tiempo.
A tu manera tu nombre y tu reputación. A mi manera lo respeto.
Esta distancia cambia y nos aleja más de nuestro comportamiento. El que tenías conmigo, el que tenía contigo; y a lo largo de lo que vivimos y lo que hemos pasado en carne propia, somos nosotras quienes a alejarnos aprendimos.
Perdona si no he podido evitar que el reloj siga marcando las horas y la línea del tiempo siga recorriendo ese recto al que tanto tenemos.
Es que pienso ahora que cosas he podido evitare y que cosas pude haber evitado.
y caigo en la cuenta que el evitar es un decorado.
Un condimento extra cuando hay cosas que no podemos aguantar.
Extraño y seguiré extrañando cosas que ya no volverán.
Porque las caricias no se repiten, los besos no vuelven a ser los mismos, las costumbres cambian, los niños crecen, el tiempo corre y así parece que los "te quiero" ganan o pierden valor, los abrazos ya no abrigan el dolor, ya no se entienden las miradas, la química se apaga, el interés se pierde y el amor cambia. Cambia como nosotros cambiamos.
Extraño la inocencia de mi voz, de esa niña ansiosa que esperaba verte y abrazarte siempre, por siempre, para siempre.
Memoriales que se cuelan en mis huesos y allí quedan, ocupando recuerdos tristes, momentos grises, y esas memorias en mi mente los llenan de color.
Hoy aprendí a soltar lo que tanto costaba desarraigarse en mi.
Espinas que se aferraban en mi piel, desenvainando cuchillas filosas contra viento.
Las he quitado poco a poco una por una.
Están de testigo mi mejor compañía: las estrellas y la luna.
Esas noches en las que descarrilaban mis trenes lejos de mi cuerda locura.
Esas noches en las que te culpaba por verme así a oscuras.
Hoy desato el dolor que me causaba ese negativo pensamiento y lo dejo en libertad.
Libre de mi, lejos de ti.
Vacío sin dejar lugar al lóbrego silencio de tu inexistencia que quiso a mi garganta afligir.
Extrañando, si, seguiré así. Pero con las manos ocupadas en lo que aprendí a vivir.
(A mí madre)
Extraño tus regaños, tus quejas, que me esperes hasta tarde aunque estés muy cansada.
Extraño tus contados "te quiero" que tanto te costaba decir. Pero los demostrabas con cada sacrificio tuyo, de tu alma por mi.
Extraño... te extraño yo a ti.
Esos desayunos inigualables, esas meriendas esperadas.
Tus caricias, tus besos, tus miradas.
Elegiste otra vida muy distinta a la que vivo yo.
Un camino hecho por ti, desiciones tuyas propias, a tu manera.
A tu manera tu vida y tu razón, tus compañías y tu tiempo.
A tu manera tu nombre y tu reputación. A mi manera lo respeto.
Esta distancia cambia y nos aleja más de nuestro comportamiento. El que tenías conmigo, el que tenía contigo; y a lo largo de lo que vivimos y lo que hemos pasado en carne propia, somos nosotras quienes a alejarnos aprendimos.
Perdona si no he podido evitar que el reloj siga marcando las horas y la línea del tiempo siga recorriendo ese recto al que tanto tenemos.
Es que pienso ahora que cosas he podido evitare y que cosas pude haber evitado.
y caigo en la cuenta que el evitar es un decorado.
Un condimento extra cuando hay cosas que no podemos aguantar.
Extraño y seguiré extrañando cosas que ya no volverán.
Porque las caricias no se repiten, los besos no vuelven a ser los mismos, las costumbres cambian, los niños crecen, el tiempo corre y así parece que los "te quiero" ganan o pierden valor, los abrazos ya no abrigan el dolor, ya no se entienden las miradas, la química se apaga, el interés se pierde y el amor cambia. Cambia como nosotros cambiamos.
Extraño la inocencia de mi voz, de esa niña ansiosa que esperaba verte y abrazarte siempre, por siempre, para siempre.
Memoriales que se cuelan en mis huesos y allí quedan, ocupando recuerdos tristes, momentos grises, y esas memorias en mi mente los llenan de color.
Hoy aprendí a soltar lo que tanto costaba desarraigarse en mi.
Espinas que se aferraban en mi piel, desenvainando cuchillas filosas contra viento.
Las he quitado poco a poco una por una.
Están de testigo mi mejor compañía: las estrellas y la luna.
Esas noches en las que descarrilaban mis trenes lejos de mi cuerda locura.
Esas noches en las que te culpaba por verme así a oscuras.
Hoy desato el dolor que me causaba ese negativo pensamiento y lo dejo en libertad.
Libre de mi, lejos de ti.
Vacío sin dejar lugar al lóbrego silencio de tu inexistencia que quiso a mi garganta afligir.
Extrañando, si, seguiré así. Pero con las manos ocupadas en lo que aprendí a vivir.
(A mí madre)