Jose Andrea Kastronovo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ayer en tu mirada, no vi tu cotidiano sufrimiento, ya no te sentí enamorada, ni molesta conmigo; pero vi un leve brillo en tus ojos, y no lo ocasionó el gusto de verme
creo que el óbito de nuestro amor ha llegado y el adiós, se frota las manos y sonríe ante mi dolor.
Y no te culpo, nunca te entendí, jamás llegué en el momento preciso para satisfacer tu específica necesidad, siempre obtuve saldo negativo, siempre hice lo incorrecto y contundentemente me equivoqué de todas, todas si te daba tiempo y espacio, era insensible; si te buscaba por las noches para ti, fue necedad e inconsciencia finalmente, nunca encontré el modo de hacerte feliz ni de darte lo que bien dices tu necesitas.
El daño ya está hecho y en ti ya todo está roto, ni el mejor pegamento lo podrá reparar y ya no tienes un solo pretexto para mi mano poder tomar.
Ante el algoritmo de las luces navideñas, veo la tarde caer, y el renacer de la noche me recuerda, aquellas oscuras citas, en las que todo lo iluminabas con tu sonrisa, cuando te sentías orgullosa de ser el amor de mi vida, cuando mis virtudes no eran errores ni mis defectos tan grandes, recuerdo cuando todo eso tanto valía para ti.
Ahora, después de algunos años, de conocer perfectamente cada curva de tu cuerpo y de haber besado hasta tu más recóndito rincón, después de conocer tu dolor, tu sonrisa y tu forma de llorar, duele tanto ser dos viejos extraños, dos extraños conocidos, dos seres ajenos con un pasado en común .
Y no te culpo, nunca te entendí, jamás llegué en el momento preciso para satisfacer tu específica necesidad, siempre obtuve saldo negativo, siempre hice lo incorrecto y contundentemente me equivoqué de todas, todas si te daba tiempo y espacio, era insensible; si te buscaba por las noches para ti, fue necedad e inconsciencia finalmente, nunca encontré el modo de hacerte feliz ni de darte lo que bien dices tu necesitas.
El daño ya está hecho y en ti ya todo está roto, ni el mejor pegamento lo podrá reparar y ya no tienes un solo pretexto para mi mano poder tomar.
Ante el algoritmo de las luces navideñas, veo la tarde caer, y el renacer de la noche me recuerda, aquellas oscuras citas, en las que todo lo iluminabas con tu sonrisa, cuando te sentías orgullosa de ser el amor de mi vida, cuando mis virtudes no eran errores ni mis defectos tan grandes, recuerdo cuando todo eso tanto valía para ti.
Ahora, después de algunos años, de conocer perfectamente cada curva de tu cuerpo y de haber besado hasta tu más recóndito rincón, después de conocer tu dolor, tu sonrisa y tu forma de llorar, duele tanto ser dos viejos extraños, dos extraños conocidos, dos seres ajenos con un pasado en común .