Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
El tiempo nada tiene que ver con
las agujas tiesas y formales que sólo
saben de la dirección de tu viento,
de girar hacia un destino y que sardónicas
sonríen vuelta y vuelta sobre las caratulas
y las paredes y las muñecas,
bolsillos y estaciones,
nada tiene que ver con las hojas verdes
ni las secas que ondean
como velas atadas al destino
y libres en los calendarios,
el tiempo ahora es el perfil de tu rostro
en mi recuerdo, un halo de luz intentando
levar las sombras de mis miedos,
una ráfaga de viento erotizando mi piel de nuevo
cual si fueran tus labios a una cuarta de suspiro,
una fracción de hielo congelando tu silencio,
la esperanza que duerme y duerme cobijada
con la ilusión de los planes que entre la distancia
de los dos ya han sido sepultados,
es tu piel de leche y miel disolviéndose en las dudas,
el tiempo en tu ausencia nada tiene que ver,
nada escucha,
nada siente,
todo asfixia,
el tiempo es sólo el latido del que vuelves,
la arritmia de que no aparezcas,
las notas de un teléfono que suena ausente
cuando no eres tú imponiéndote a tus miedos
y sonando como agua cristalina del otro lado
con todos tus tartamudeos.
El tiempo es la vida sin sentido de la realidad,
la realidad sin un sentido creyendo que tú
nunca exististe, de que sólo fuiste el extravío
del tiempo en un sueño.
13.7.11 en una tarde con la lluvia tan tenue que parece que las nubes tiene pena de caer a los pies de quien no las comprende.
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