Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En la húmeda estirpe de los ríos,
no habitan,
porque no nacen, los manantiales.
Ellos son un elemento ilustre,
dentro de las estrellas,
entre las rocas,
en el alma que se renueva,
como un monumento restaurado.
Guarda su belleza inmortal,
inmaterial y transparente.
No se ven sus orígenes…
Se imaginan.
Cuando ello sucede, concurren las imágenes,
como un enorme mosaico,
como la técnica del puntillismo,
como un caleidoscopio.
El primor de su textura,
huele a los océanos,
y sus tierras son cielos.
Constituye los cuerpos del tiempo,
sin pausas, dividido en dos descansos:
"Cuando se hace más lento, y cuando se desborda."
El tiempo es indivisible.
El manantial…
Es el tiempo que mide el agua.
Porque:
Toda su inmensidad tiene otro concepto de la vida.
Suena en la arena y en las rocas,
en los malecones.
Nada le supera en encuentros y desencuentros.
Nada destruye al agua, por salvaje, por natural, por su rastro.
Nadie puede hacerle daño atacarle por la espalda.
¿Qué criatura que no sea agua puede pasar por el hoyo de su cuerpo enterrado?
A todo le llamamos agua…
Quizá nos confundamos de materia y…
De alma.
Para evitar que ello suceda…
Me he pegado mi primer poema en la lengua…
Y se cala el papel….
Hasta aquí.
no habitan,
porque no nacen, los manantiales.
Ellos son un elemento ilustre,
dentro de las estrellas,
entre las rocas,
en el alma que se renueva,
como un monumento restaurado.
Guarda su belleza inmortal,
inmaterial y transparente.
No se ven sus orígenes…
Se imaginan.
Cuando ello sucede, concurren las imágenes,
como un enorme mosaico,
como la técnica del puntillismo,
como un caleidoscopio.
El primor de su textura,
huele a los océanos,
y sus tierras son cielos.
Constituye los cuerpos del tiempo,
sin pausas, dividido en dos descansos:
"Cuando se hace más lento, y cuando se desborda."
El tiempo es indivisible.
El manantial…
Es el tiempo que mide el agua.
Porque:
Toda su inmensidad tiene otro concepto de la vida.
Suena en la arena y en las rocas,
en los malecones.
Nada le supera en encuentros y desencuentros.
Nada destruye al agua, por salvaje, por natural, por su rastro.
Nadie puede hacerle daño atacarle por la espalda.
¿Qué criatura que no sea agua puede pasar por el hoyo de su cuerpo enterrado?
A todo le llamamos agua…
Quizá nos confundamos de materia y…
De alma.
Para evitar que ello suceda…
Me he pegado mi primer poema en la lengua…
Y se cala el papel….
Hasta aquí.