alicurco
Poeta recién llegado
Estaba sentado en una estación.
A la espera de tu mirada sin rostro.
Sabiendo que te iba a encontrar
entre cuellos apretados y equipajes dolorosos.
Miraba al piso, los pasos no tenían pies.
Los transeúntes apenas eran sombras apuradas.
Las luces frías chillaban penas y adioses.
No habían aviones, ni buses, ni barcos.
Pero te encontré sobre un hombro negro.
Anónima y distante.
Entre medio de todos.
Y todos eran nadie.
Y tú te volviste todos.
Deseaba tu silueta indefinida
para dibujarla con mi pupila penetrante
hasta encontrar tus cejas que se levantaban
en la grieta del sueño.
Y no te quería perder.
Porque pasé toda mi vida buscándote.
Y sabía que te ibas como esas sombras.
Que ibas a ser huella perdida.
Al embarcar mis sábanas en tu infinita ausencia.
Alicurco
A la espera de tu mirada sin rostro.
Sabiendo que te iba a encontrar
entre cuellos apretados y equipajes dolorosos.
Miraba al piso, los pasos no tenían pies.
Los transeúntes apenas eran sombras apuradas.
Las luces frías chillaban penas y adioses.
No habían aviones, ni buses, ni barcos.
Pero te encontré sobre un hombro negro.
Anónima y distante.
Entre medio de todos.
Y todos eran nadie.
Y tú te volviste todos.
Deseaba tu silueta indefinida
para dibujarla con mi pupila penetrante
hasta encontrar tus cejas que se levantaban
en la grieta del sueño.
Y no te quería perder.
Porque pasé toda mi vida buscándote.
Y sabía que te ibas como esas sombras.
Que ibas a ser huella perdida.
Al embarcar mis sábanas en tu infinita ausencia.
Alicurco
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