Abraham Ferreira Khalil
Poeta recién llegado
A una garrapata
un perro dio en su lomo hogar y abrigo,
mas esto fue una lata
porque más que un amigo
se convirtió el insecto en su castigo.
Así pasaba el día
el mísero perrillo atormentado,
quien pensó que debía
para calmar su enfado
hablar con su inquilino aprovechado.
Te hice en mi lomo hueco
y en él con tus elogios te quedaste.
Pronto me veré seco
pues mi sangre tomaste
¿y acaso tu apetito aún no saciaste?
La garrapata oyendo
lo que el can abatido le exigía,
taimada y sonriendo
con gestos de empatía
ante su salvador así decía:
No corrijas ahora
el bien que ayer me hiciste y que hoy padeces,
pues tu alma bienhechora
te hará caer mil veces
si a todo el que te llama compadeces.
*De los aduladores
es mejor retirarse, pues sus vicios
los vuelven malhechores
y hacerles sacrificios
sólo granjea penas y suplicios.
© Abraham Ferreira Khalil
un perro dio en su lomo hogar y abrigo,
mas esto fue una lata
porque más que un amigo
se convirtió el insecto en su castigo.
Así pasaba el día
el mísero perrillo atormentado,
quien pensó que debía
para calmar su enfado
hablar con su inquilino aprovechado.
Te hice en mi lomo hueco
y en él con tus elogios te quedaste.
Pronto me veré seco
pues mi sangre tomaste
¿y acaso tu apetito aún no saciaste?
La garrapata oyendo
lo que el can abatido le exigía,
taimada y sonriendo
con gestos de empatía
ante su salvador así decía:
No corrijas ahora
el bien que ayer me hiciste y que hoy padeces,
pues tu alma bienhechora
te hará caer mil veces
si a todo el que te llama compadeces.
*De los aduladores
es mejor retirarse, pues sus vicios
los vuelven malhechores
y hacerles sacrificios
sólo granjea penas y suplicios.
© Abraham Ferreira Khalil
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