Abraham Ferreira Khalil
Poeta recién llegado
Un perro labrador
de pelo suave y blanco
sufría los desprecios cada día
de su mezquino amo.
Huyendo, pues, el pobre animalito
de tan horrible trato
se refugió en un bosque silencioso
con árboles extraños.
Allí bajo el abrigo
de un misterioso álamo
se apareció a sus ojos expectantes
un oso cavernario.
Sus dientes como espadas
y sus ojos cual rayos
causaban al perrillo asustadizo
admiración y espanto.
“¡Apiádate, buen oso,
que aquí llegué escapando
de un amo que me daba
desaires y maltratos!
¡Apiádate, compadre!
Compadece mi ánimo
que insípida es la carne de los canes
aunque no la he probado”.
Atendiendo a sus súplicas
el oso compasivo, sin dudarlo,
compartió con el perro
lo que había cazado.
*En extraños a veces
mayor consuelo hallamos
que en los propios amigos,
aun siendo tan cercanos
© Abraham Ferreira Khalil
de pelo suave y blanco
sufría los desprecios cada día
de su mezquino amo.
Huyendo, pues, el pobre animalito
de tan horrible trato
se refugió en un bosque silencioso
con árboles extraños.
Allí bajo el abrigo
de un misterioso álamo
se apareció a sus ojos expectantes
un oso cavernario.
Sus dientes como espadas
y sus ojos cual rayos
causaban al perrillo asustadizo
admiración y espanto.
“¡Apiádate, buen oso,
que aquí llegué escapando
de un amo que me daba
desaires y maltratos!
¡Apiádate, compadre!
Compadece mi ánimo
que insípida es la carne de los canes
aunque no la he probado”.
Atendiendo a sus súplicas
el oso compasivo, sin dudarlo,
compartió con el perro
lo que había cazado.
*En extraños a veces
mayor consuelo hallamos
que en los propios amigos,
aun siendo tan cercanos
© Abraham Ferreira Khalil