Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Caminemos un poco por esta vereda
eh visto una banca en este parque,
que hay veces no la utilizan.
Cuentan los viejos:
pero no para asustar a los ocasionales visitantes,
que esa banca servía de asiento a Romeo
donde esperaba a veces;
y donde Julieta se sentaba junto a él.
Las aves trinan cerca de quienes se sientas ahí,
se trepan a tus rodillas,
picotean tu calzado
y hasta comen migas de tus manos.
Una noche de delirio
un anciano me contó
que de sus maderos
florecen unas diminutas
flores amarillas y azules,
que no se marchitan
pero perfuman todo el lugar
y se sienten al tacto entres sus viejas astillas.
Ven vamos sin prisa,
hoy quiero experimentar
esa sensación de historia de amor;
quiero en sus maderos
oler el perfume de la pasión,
vamos juntos a ser testigos
de esta bella novela,
donde la enredadera narra los cantos
que él le llevaba de serenata,
dicen que hasta guarda entre las madreselvas
un pañuelo que ella lanzó,
pero que el viento desvió
y quedó atrapado perfumando sus tallos.
Se desborona mi alma
de inquietud y de alegría,
podremos palpar las flores menudas
oler el perfume eterno del pañuelo lanzado al viento,
ver las iniciales que dejaron ellos.
Para cada romance que llega ahí,
los maderos se abren para permitir
dejar tu nombre y el de tu amada.
Vamos Aldana,
quizá solo sea una locura,
de quienes nunca volvieron de ahí,
o de los que jamás visitaron ese lugar,
debe ser el delirio más hermoso,
vamos no perdamos esta oportunidad.
Talvez solo sea un sueño,
que después no volvamos a soñar,
vamos sin prisa,
juntos.
eh visto una banca en este parque,
que hay veces no la utilizan.
Cuentan los viejos:
pero no para asustar a los ocasionales visitantes,
que esa banca servía de asiento a Romeo
donde esperaba a veces;
y donde Julieta se sentaba junto a él.
Las aves trinan cerca de quienes se sientas ahí,
se trepan a tus rodillas,
picotean tu calzado
y hasta comen migas de tus manos.
Una noche de delirio
un anciano me contó
que de sus maderos
florecen unas diminutas
flores amarillas y azules,
que no se marchitan
pero perfuman todo el lugar
y se sienten al tacto entres sus viejas astillas.
Ven vamos sin prisa,
hoy quiero experimentar
esa sensación de historia de amor;
quiero en sus maderos
oler el perfume de la pasión,
vamos juntos a ser testigos
de esta bella novela,
donde la enredadera narra los cantos
que él le llevaba de serenata,
dicen que hasta guarda entre las madreselvas
un pañuelo que ella lanzó,
pero que el viento desvió
y quedó atrapado perfumando sus tallos.
Se desborona mi alma
de inquietud y de alegría,
podremos palpar las flores menudas
oler el perfume eterno del pañuelo lanzado al viento,
ver las iniciales que dejaron ellos.
Para cada romance que llega ahí,
los maderos se abren para permitir
dejar tu nombre y el de tu amada.
Vamos Aldana,
quizá solo sea una locura,
de quienes nunca volvieron de ahí,
o de los que jamás visitaron ese lugar,
debe ser el delirio más hermoso,
vamos no perdamos esta oportunidad.
Talvez solo sea un sueño,
que después no volvamos a soñar,
vamos sin prisa,
juntos.
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