Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Los vientos arrecian su paso esta tarde aun de primavera perfumada,
han ocasionado que las hojarascas cubran la única llegada al lago desde el prado,
sentado entre el follaje, esta un peregrino cobijado en la sombra de la frondosidad
que la alameda forma como un túnel de entrada;
conversaba distraído y al parecer muy entretenido,
lo que llamo mi atención. ¡Hola buen hombre, saludos!
no se incorpora, se acomoda en el follaje invitándome a sentarme,
mientras con una mueca me pide que haga silencio.
Hay una hoja que cuenta su historia:
Lamento que te hayas perdido parte del inicio pero lograras entender,
por que es claro su lenguaje,
alcance a verla perlada de rocío o sería su llanto que expresaba.
Fueron unos vientos, iguales a estos
que me arrancaron prematuramente,
de la copa de ese árbol, ahora lejano
vivía junto a una hoja acorazonada de un bello limbo
que mientras crecíamos tomaba mi forma sagitada,
y ella escondía su ápice en su envés.
Recuerdo que esperamos una tarde de mayo
a la lluvia y esta llego con retrazo,
desde aquella divina vez nos quedábamos despiertos
a jugar con las sombras que dibujaba la luna,
la miraba y me estaba mirando que suerte que su árbol la diera para mi norte,
frente al amplio balcón del verdor de mi casa.
Le enviaba mensajes con las aves y ella lo hacia con cartas que traía una oruga,
éramos tan felices hasta esta repentina separación,
volé por los aire, con mi mirada desesperada; ¡viento no me arrastres!
solo veía alejarme de ella, pompa seca sin lastre
esta tarde que se volvería gris, aunque fuera primavera y bella;
rodé, me pisotearon y desperté en la maleza,
invadido de soledades y de una inmensa tristeza
lloro por no haber dicho cuanto la he amado, aun cuando de nada sirva ahora
por todo lo que perdí, por haberlo callado.
En un instante quedé como el forastero
preso en la historia del gran Gabo,
que decía que el primero de la estirpe
esta atado a un árbol, como ella
y a mi me salvo una lluvia de que me llevaran las hormigas.
Es por eso que lloro y sufro todo esto. Recuerden la culpa solo es de uno;
por eso amigos, ustedes nunca callen un amor,
ni lo sufran después, díganlo; anunciándolo oportuno,
no se queden con ese dolor.
han ocasionado que las hojarascas cubran la única llegada al lago desde el prado,
sentado entre el follaje, esta un peregrino cobijado en la sombra de la frondosidad
que la alameda forma como un túnel de entrada;
conversaba distraído y al parecer muy entretenido,
lo que llamo mi atención. ¡Hola buen hombre, saludos!
no se incorpora, se acomoda en el follaje invitándome a sentarme,
mientras con una mueca me pide que haga silencio.
Hay una hoja que cuenta su historia:
Lamento que te hayas perdido parte del inicio pero lograras entender,
por que es claro su lenguaje,
alcance a verla perlada de rocío o sería su llanto que expresaba.
Fueron unos vientos, iguales a estos
que me arrancaron prematuramente,
de la copa de ese árbol, ahora lejano
vivía junto a una hoja acorazonada de un bello limbo
que mientras crecíamos tomaba mi forma sagitada,
y ella escondía su ápice en su envés.
Recuerdo que esperamos una tarde de mayo
a la lluvia y esta llego con retrazo,
desde aquella divina vez nos quedábamos despiertos
a jugar con las sombras que dibujaba la luna,
la miraba y me estaba mirando que suerte que su árbol la diera para mi norte,
frente al amplio balcón del verdor de mi casa.
Le enviaba mensajes con las aves y ella lo hacia con cartas que traía una oruga,
éramos tan felices hasta esta repentina separación,
volé por los aire, con mi mirada desesperada; ¡viento no me arrastres!
solo veía alejarme de ella, pompa seca sin lastre
esta tarde que se volvería gris, aunque fuera primavera y bella;
rodé, me pisotearon y desperté en la maleza,
invadido de soledades y de una inmensa tristeza
lloro por no haber dicho cuanto la he amado, aun cuando de nada sirva ahora
por todo lo que perdí, por haberlo callado.
En un instante quedé como el forastero
preso en la historia del gran Gabo,
que decía que el primero de la estirpe
esta atado a un árbol, como ella
y a mi me salvo una lluvia de que me llevaran las hormigas.
Es por eso que lloro y sufro todo esto. Recuerden la culpa solo es de uno;
por eso amigos, ustedes nunca callen un amor,
ni lo sufran después, díganlo; anunciándolo oportuno,
no se queden con ese dolor.
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