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Fado en clave de Sol

Riolita

Poeta adicto al portal

El cielo está empedrado de amatistas.
¿No oyes su triste y luminoso encanto?

El cáliz desbordante que salpica.
La túnica manchada por los versos.

Laúdes ahuecados de intemperie.
El aserrín fragante de los cedros.

Y luego médanos y más arena.
Dunas talladas a formón y martillo.

A trazo de beduino y de serpiente:
la harina de los cardos se hizo estepa.

Tarde he encontrado los mojones pero
la clave en el desierto es el engaño.

Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve.

El cielo está empedrado de amatistas.
Puro es el hilo salobre del llanto.

Indigna de mensura y otros moldes,
la soledad decanta, carne y sueño.

En vano cimbro el remo en ese abismo:
los huesos son un límite arbitrario.

Podría transcribir, quizás, el polvo,
la flor incombustible del ocaso.

La arcilla estéril con que labro un templo.
Su frágil recipiente casi esponja.

Podría pero es tinta que se agota
al mínimo recreo de otro cuerpo.

El cielo está empedrado de amatistas.
Oscura es la ceniza del lucero.

Solemne y cotidiano arrojo el libro,
palabra abajo, al centro de la niebla.
 
Última edición:

El cielo está empedrado de amatistas.
¿No oyes su triste y luminoso encanto?

El cáliz desbordante que salpica.
La túnica manchada por los versos.

Laúdes ahuecados de intemperie.
Y el aserrín fragante de los cedros.

Y luego médanos y más arena.
Dunas talladas a formón y martillo.

A trazo de beduino y de serpiente.
La harina de los cardos se hizo estepa.

Tarde he encontrado los mojones pero
la clave en el desierto es el engaño.

Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve.

El cielo está empedrado de amatistas.
Puro es el hilo salobre del llanto.

Indigna de mensura y otros moldes,
la soledad decanta, carne y sueño.

En vano cimbro el remo en ese abismo.
Los huesos son un límite arbitrario.

Podría transcribir, quizás, el polvo,
la flor incombustible del ocaso.

La arcilla estéril con que labro un templo.
Su frágil recipiente casi esponja.

Podría pero es tinta que se agota
al mínimo recreo de otro cuerpo.

El cielo está empedrado de amatistas.
Oscura es la ceniza del lucero.

Solemne y cotidiano arrojo el libro,
palabra abajo, al centro de la niebla.

"Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve"

Solo por elegir uno de tantos buenos pareados.
Un saludo, Riolita.
 

El cielo está empedrado de amatistas.
¿No oyes su triste y luminoso encanto?

El cáliz desbordante que salpica.
La túnica manchada por los versos.

Laúdes ahuecados de intemperie.
Y el aserrín fragante de los cedros.

Y luego médanos y más arena.
Dunas talladas a formón y martillo.

A trazo de beduino y de serpiente.
La harina de los cardos se hizo estepa.

Tarde he encontrado los mojones pero
la clave en el desierto es el engaño.

Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve.

El cielo está empedrado de amatistas.
Puro es el hilo salobre del llanto.

Indigna de mensura y otros moldes,
la soledad decanta, carne y sueño.

En vano cimbro el remo en ese abismo.
Los huesos son un límite arbitrario.

Podría transcribir, quizás, el polvo,
la flor incombustible del ocaso.

La arcilla estéril con que labro un templo.
Su frágil recipiente casi esponja.

Podría pero es tinta que se agota
al mínimo recreo de otro cuerpo.

El cielo está empedrado de amatistas.
Oscura es la ceniza del lucero.

Solemne y cotidiano arrojo el libro,
palabra abajo, al centro de la niebla.
Solemne y cotidiano.

Saludos
 

El cielo está empedrado de amatistas.
¿No oyes su triste y luminoso encanto?

El cáliz desbordante que salpica.
La túnica manchada por los versos.

Laúdes ahuecados de intemperie.
Y el aserrín fragante de los cedros.

Y luego médanos y más arena.
Dunas talladas a formón y martillo.

A trazo de beduino y de serpiente.
La harina de los cardos se hizo estepa.

Tarde he encontrado los mojones pero
la clave en el desierto es el engaño.

Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve.

El cielo está empedrado de amatistas.
Puro es el hilo salobre del llanto.

Indigna de mensura y otros moldes,
la soledad decanta, carne y sueño.

En vano cimbro el remo en ese abismo.
Los huesos son un límite arbitrario.

Podría transcribir, quizás, el polvo,
la flor incombustible del ocaso.

La arcilla estéril con que labro un templo.
Su frágil recipiente casi esponja.

Podría pero es tinta que se agota
al mínimo recreo de otro cuerpo.

El cielo está empedrado de amatistas.
Oscura es la ceniza del lucero.

Solemne y cotidiano arrojo el libro,
palabra abajo, al centro de la niebla.
Maravilla. El libro recurrente. Te felicito, hermoso cómo todo lo tuyo. Un gusto leerte.
PD Muy buena música.
 
Última edición:

El cielo está empedrado de amatistas.
¿No oyes su triste y luminoso encanto?

El cáliz desbordante que salpica.
La túnica manchada por los versos.

Laúdes ahuecados de intemperie.
Y el aserrín fragante de los cedros.

Y luego médanos y más arena.
Dunas talladas a formón y martillo.

A trazo de beduino y de serpiente.
La harina de los cardos se hizo estepa.

Tarde he encontrado los mojones pero
la clave en el desierto es el engaño.

Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve.

El cielo está empedrado de amatistas.
Puro es el hilo salobre del llanto.

Indigna de mensura y otros moldes,
la soledad decanta, carne y sueño.

En vano cimbro el remo en ese abismo.
Los huesos son un límite arbitrario.

Podría transcribir, quizás, el polvo,
la flor incombustible del ocaso.

La arcilla estéril con que labro un templo.
Su frágil recipiente casi esponja.

Podría pero es tinta que se agota
al mínimo recreo de otro cuerpo.

El cielo está empedrado de amatistas.
Oscura es la ceniza del lucero.

Solemne y cotidiano arrojo el libro,
palabra abajo, al centro de la niebla.
Que belleza de letras. El cierre, simplemente, Genial.
Un gustazo, Riolita. Gracias
Saludos.
 

El cielo está empedrado de amatistas.
¿No oyes su triste y luminoso encanto?

El cáliz desbordante que salpica.
La túnica manchada por los versos.

Laúdes ahuecados de intemperie.
El aserrín fragante de los cedros.

Y luego médanos y más arena.
Dunas talladas a formón y martillo.

A trazo de beduino y de serpiente.
La harina de los cardos se hizo estepa.

Tarde he encontrado los mojones pero
la clave en el desierto es el engaño.

Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve.

El cielo está empedrado de amatistas.
Puro es el hilo salobre del llanto.

Indigna de mensura y otros moldes,
la soledad decanta, carne y sueño.

En vano cimbro el remo en ese abismo.
Los huesos son un límite arbitrario.

Podría transcribir, quizás, el polvo,
la flor incombustible del ocaso.

La arcilla estéril con que labro un templo.
Su frágil recipiente casi esponja.

Podría pero es tinta que se agota
al mínimo recreo de otro cuerpo.

El cielo está empedrado de amatistas.
Oscura es la ceniza del lucero.

Solemne y cotidiano arrojo el libro,
palabra abajo, al centro de la niebla.

Es excelente tu manejo de las imágenes en este poema.
De verdad disfruto cuando las líneas se convierten en lienzos de pintor.
Saludos y muy feliz tarde, fue un gusto leerte de nuevo.
 

El cielo está empedrado de amatistas.
¿No oyes su triste y luminoso encanto?

El cáliz desbordante que salpica.
La túnica manchada por los versos.

Laúdes ahuecados de intemperie.
El aserrín fragante de los cedros.

Y luego médanos y más arena.
Dunas talladas a formón y martillo.

A trazo de beduino y de serpiente.
La harina de los cardos se hizo estepa.

Tarde he encontrado los mojones pero
la clave en el desierto es el engaño.

Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve.

El cielo está empedrado de amatistas.
Puro es el hilo salobre del llanto.

Indigna de mensura y otros moldes,
la soledad decanta, carne y sueño.

En vano cimbro el remo en ese abismo.
Los huesos son un límite arbitrario.

Podría transcribir, quizás, el polvo,
la flor incombustible del ocaso.

La arcilla estéril con que labro un templo.
Su frágil recipiente casi esponja.

Podría pero es tinta que se agota
al mínimo recreo de otro cuerpo.

El cielo está empedrado de amatistas.
Oscura es la ceniza del lucero.

Solemne y cotidiano arrojo el libro,
palabra abajo, al centro de la niebla.
Muy bellas imágenes Riolita. Un abrazo con la pluma del alma
 

El cielo está empedrado de amatistas.
¿No oyes su triste y luminoso encanto?

El cáliz desbordante que salpica.
La túnica manchada por los versos.

Laúdes ahuecados de intemperie.
El aserrín fragante de los cedros.

Y luego médanos y más arena.
Dunas talladas a formón y martillo.

A trazo de beduino y de serpiente:
la harina de los cardos se hizo estepa.

Tarde he encontrado los mojones pero
la clave en el desierto es el engaño.

Qué eternidad inútil, sin embargo
su hechizo miserable me conmueve.

El cielo está empedrado de amatistas.
Puro es el hilo salobre del llanto.

Indigna de mensura y otros moldes,
la soledad decanta, carne y sueño.

En vano cimbro el remo en ese abismo.
Los huesos son un límite arbitrario.

Podría transcribir, quizás, el polvo,
la flor incombustible del ocaso.

La arcilla estéril con que labro un templo.
Su frágil recipiente casi esponja.

Podría pero es tinta que se agota
al mínimo recreo de otro cuerpo.

El cielo está empedrado de amatistas.
Oscura es la ceniza del lucero.

Solemne y cotidiano arrojo el libro,
palabra abajo, al centro de la niebla.

Qué bien dibujas el cielo,
algo se mueve dentro cuando lo miro
cuando lo leo...Un placer, compañero, un abrazo.

PD Grande Vicente y el Cigala y tú

Recordé una fusión entre Bebo Valdés y el Cigala, me permito dejarte
"Niebla del riachuelo"
 
Última edición:
Qué bien dibujas el cielo,
algo se mueve dentro cuando lo miro
cuando lo leo...Un placer, compañero, un abrazo.

PD Grande Vicente y el Cigala y tú

Recordé una fusión entre Bebo Valdés y el Cigala, me permito dejarte
"Niebla del riachuelo"
Y yo vuelvo a disfrutar de tu cálida presencia, estimada Rosario. Qué bueno para mí ha sido encontrarte
en este recinto de versos y cofradía.
Mil gracias por tus valoraciones y un
abrazo, compañera.

Una belleza la " niebla del riachuelo ".
 
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