El mundo de Walden
Poeta recién llegado
Me sorprendo escuchando,
en mi propia voz,
sentencias dictadas por otros.
Son realidades lejanas a mí.
Sé que un pequeño soplo bastaría,
para cambiar de dirección.
Pancartas fluorescentes
con lemas, frases e himnos.
Políticos de ocho cuartos,
y líderes religiosos.
Elección tras elección,
modas y colores,
señas de identidad.
Proclamas actuales,
dictadas en la calle
o en fríos despachos.
Algunos ahogándose en miserias,
y otros brillando en su inconsciencia.
Risas de telediario,
y puñaladas traperas.
Familias destrozadas,
rezos acompañados de bombas.
Hermanos de sangre,
y sangre corrupta.
Libros de historia,
desaprendidos.
Cantos en fiestas,
con animales heridos.
¿Y dónde quedamos nosotros?
Amedrentados por falsos vendedores,
despertando del sueño de los juegos de poder.
Alcémonos hoy por encima de ellos,
que nadie haga poner mis falsas creencias por encima de las tuyas.
Todas esas vanidades nacidas del miedo,
las destruyes hoy mirándolas a los ojos,
regresando al origen.
Volvamos a jugar como cuando éramos niños.
Creábamos imperios sin miedos ni recompensas.
Castillos y luchas sin sangre.
Cuando nuestros enfados
duraban menos que nuestras risas.
cuando no necesitábamos leyes,
ni líderes a los que seguir a ciegas.
en mi propia voz,
sentencias dictadas por otros.
Son realidades lejanas a mí.
Sé que un pequeño soplo bastaría,
para cambiar de dirección.
Pancartas fluorescentes
con lemas, frases e himnos.
Políticos de ocho cuartos,
y líderes religiosos.
Elección tras elección,
modas y colores,
señas de identidad.
Proclamas actuales,
dictadas en la calle
o en fríos despachos.
Algunos ahogándose en miserias,
y otros brillando en su inconsciencia.
Risas de telediario,
y puñaladas traperas.
Familias destrozadas,
rezos acompañados de bombas.
Hermanos de sangre,
y sangre corrupta.
Libros de historia,
desaprendidos.
Cantos en fiestas,
con animales heridos.
¿Y dónde quedamos nosotros?
Amedrentados por falsos vendedores,
despertando del sueño de los juegos de poder.
Alcémonos hoy por encima de ellos,
que nadie haga poner mis falsas creencias por encima de las tuyas.
Todas esas vanidades nacidas del miedo,
las destruyes hoy mirándolas a los ojos,
regresando al origen.
Volvamos a jugar como cuando éramos niños.
Creábamos imperios sin miedos ni recompensas.
Castillos y luchas sin sangre.
Cuando nuestros enfados
duraban menos que nuestras risas.
cuando no necesitábamos leyes,
ni líderes a los que seguir a ciegas.