AlejoGarma
Poeta recién llegado
Una taza con café es una buena compañía, una taza con café me acompaña en las tardes, de hecho es mi única compañía y ahora es amarga, quién lo endulzaba ya no está. Cuando anunció su partida mi corazón quería salir de mi pecho e ir a buscarle, pero mis neuronas dijeron: “tranquilo, aun tendrás café sólo tendrás que endulzarlo tú mismo”. No he logrado hacerlo, mis lágrimas se derraman en él, y termino tomándome la mitad, viendo mi rostro con lágrimas reflejado en la taza. No he logrado comprender porque se fue después de tanto amor, después de compartir cobijas, después de mirarnos y sonreír, después de que me dejara peinar sus cejas y acariciar con sutileza su rostro fino de piel canela, aún no lo entiendo y mis ojos tampoco, por eso están rojos, por eso están húmedos, por eso en momentos de recordación parpadeo lento y suspiro fuerte y hasta pierdo las fuerzas con las que sostener la taza; ya tengo tres tazas menos. Me desestabilizo, me desvelo pensando cómo ha cambiado el sabor de mi café en las tardes desde que ella se fue.