Vlad Kanon
Poeta fiel al portal
Alucinaciones, Fascinaciones y Tiranías de mis Pesadillas
-Pasaje III-
Falta de Valor
Desperté cansado,
ante el horror, la pesadilla anterior,
quedé desmayado,
estaba perdido, tonto he sido,
sin guía, nada, que me indicara qué camino tomar,
tocaba mi rostro, ido, comprendiendo que había vuelto a la normalidad.
¡Tan distraído estaba!
¡No puede ser!
¡No soportaba el horror!
En derredor…
Era un espasmo ver a mi alrededor,
era paralizado por el terror…
Cuerpos en putrefacción,
debajo de mí órganos que alimentarían a una nación,
detrás de mí, delante, a la izquierda, a la derecha, todo, todo…
Era un mar de cadáveres y trozos de cuerpos, órganos, un mar rojo y pestilente.
Arriba, fuera o no fuera el cielo, veía sólo vapor,
mi respiración se acortaba, necesitaba salir de ahí;
esas cosas negras, que eran, del suelo al aire,
y del aire al suelo, sino eran aves, eran letras;
o era mi agonía la que ascendía y descendía,
pero esas manchas de papel tomaban miembros enteros y los engullían;
al primer paso caí por un precipicio;
vomitar, no pude aguantar más.
No me abandonaba la sensación,
el maldito olor, ver como raras criaturas,
insectos, animales, sólo el cielo sabía qué era que,
era un banquete que degustaban todos, excepto yo…
No podía acostarme, posarme o recostarme,
no podía ni siquiera andar entre tanta sangre,
entre tanto cadáver; a este punto uno suele olvidarse,
de su vida, su fortuna o si realmente no era otro cadáver,
eso era para mí ver al propio cuerpo oxidarse.
Me paralizaba andar en cada nuevo rincón,
cómo describir cada nueva atrocidad,
eran murales, esculturas, incluso hasta trazos del diablo,
las que veía yo, hechas de piel, carne y hueso;
de que raza o de qué mundo, ahí no distinguiría,
ni a mis amigos, ni hermanos, o al menos eso creía…
Hasta que…
Cuando menos me lo pensaba,
cuando menos creí verme frustrado,
al caer una vez más,
vi el cadáver de mi padre,
y al lado el de mi madre…
¿Eran mis padres?
¡Eran mis padres!
Corrí… ¡Sí, corrí como un cobarde!
Aquél laberinto, me transformaba en una gallina,
empecé a escuchar gritos delirantes,
objetos corta pulsantes que chocaban con la carne,
¡eran un himno de alegría venido de todas partes!
Caía, me levantaba y corría.
No había mejor sinfonía tan bien compuesta que esa,
a diferencia de algún verdugo que me perseguía…
“No hay lugar, no hay espacio, me había echado a la perdición,
a mi propio impropio cementerio.”
Esas palabras eran un coro que me desangraba…
“Tonto…”
“¡Idiota!”
“Eres mi mejor amigo”
“¡Te amo!”
¿Qué era eso? ¡Qué era!
¡Ecos, pasos, gigantes que querían explotar mi anatomía!
Veía a todos lados,
¡nada veía!
No pude más que desmayarme,
absorbiendo el pútrido sabor de la carne;
me sentía caníbal,
hasta que vi, que mi propia sangre bebía…
-Pasaje III-
Falta de Valor
Desperté cansado,
ante el horror, la pesadilla anterior,
quedé desmayado,
estaba perdido, tonto he sido,
sin guía, nada, que me indicara qué camino tomar,
tocaba mi rostro, ido, comprendiendo que había vuelto a la normalidad.
¡Tan distraído estaba!
¡No puede ser!
¡No soportaba el horror!
En derredor…
Era un espasmo ver a mi alrededor,
era paralizado por el terror…
Cuerpos en putrefacción,
debajo de mí órganos que alimentarían a una nación,
detrás de mí, delante, a la izquierda, a la derecha, todo, todo…
Era un mar de cadáveres y trozos de cuerpos, órganos, un mar rojo y pestilente.
Arriba, fuera o no fuera el cielo, veía sólo vapor,
mi respiración se acortaba, necesitaba salir de ahí;
esas cosas negras, que eran, del suelo al aire,
y del aire al suelo, sino eran aves, eran letras;
o era mi agonía la que ascendía y descendía,
pero esas manchas de papel tomaban miembros enteros y los engullían;
al primer paso caí por un precipicio;
vomitar, no pude aguantar más.
No me abandonaba la sensación,
el maldito olor, ver como raras criaturas,
insectos, animales, sólo el cielo sabía qué era que,
era un banquete que degustaban todos, excepto yo…
No podía acostarme, posarme o recostarme,
no podía ni siquiera andar entre tanta sangre,
entre tanto cadáver; a este punto uno suele olvidarse,
de su vida, su fortuna o si realmente no era otro cadáver,
eso era para mí ver al propio cuerpo oxidarse.
Me paralizaba andar en cada nuevo rincón,
cómo describir cada nueva atrocidad,
eran murales, esculturas, incluso hasta trazos del diablo,
las que veía yo, hechas de piel, carne y hueso;
de que raza o de qué mundo, ahí no distinguiría,
ni a mis amigos, ni hermanos, o al menos eso creía…
Hasta que…
Cuando menos me lo pensaba,
cuando menos creí verme frustrado,
al caer una vez más,
vi el cadáver de mi padre,
y al lado el de mi madre…
¿Eran mis padres?
¡Eran mis padres!
Corrí… ¡Sí, corrí como un cobarde!
Aquél laberinto, me transformaba en una gallina,
empecé a escuchar gritos delirantes,
objetos corta pulsantes que chocaban con la carne,
¡eran un himno de alegría venido de todas partes!
Caía, me levantaba y corría.
No había mejor sinfonía tan bien compuesta que esa,
a diferencia de algún verdugo que me perseguía…
“No hay lugar, no hay espacio, me había echado a la perdición,
a mi propio impropio cementerio.”
Esas palabras eran un coro que me desangraba…
“Tonto…”
“¡Idiota!”
“Eres mi mejor amigo”
“¡Te amo!”
¿Qué era eso? ¡Qué era!
¡Ecos, pasos, gigantes que querían explotar mi anatomía!
Veía a todos lados,
¡nada veía!
No pude más que desmayarme,
absorbiendo el pútrido sabor de la carne;
me sentía caníbal,
hasta que vi, que mi propia sangre bebía…
Vlad Kanon
Parte II
La criatura que nació
Parte IV
Detrás de...
Última edición: