Ziler
Poeta recién llegado
He llegado a tu casa y la muerte me ha dicho que no estás, que no te espere porque solo vas a volver como una ceniza que se queda en mi pluma y en mi alma.
No hay nada que quede en tu casa, solo recuerdos que se tejen con hilos de tristeza y olvido. Ya me encuentro con mis viejas costumbres de venir a buscar en tu cama nuestro olvidado amor.
Ya no es tu casa, pero aún espero que el fantasma de tu pasado me grite cuánto me has querido y que todavía puedo dejar nuestros versos juveniles tallados en los ladrillos gastados de tu portón.
Ya me voy de tu casa y los ecos de tu voz me despiden en susurros. Baúles de recuerdos guardan los aromas de tu esencia, que lentamente se van difuminando con los años.
Ahora soy yo el que se escapa de tu casa con lágrimas de recuerdos muertos que delatan mi melancolía con cada paso que doy. Al final no queda nada, solo un silencio cansino y una irremediable soledad.
No hay nada que quede en tu casa, solo recuerdos que se tejen con hilos de tristeza y olvido. Ya me encuentro con mis viejas costumbres de venir a buscar en tu cama nuestro olvidado amor.
Ya no es tu casa, pero aún espero que el fantasma de tu pasado me grite cuánto me has querido y que todavía puedo dejar nuestros versos juveniles tallados en los ladrillos gastados de tu portón.
Ya me voy de tu casa y los ecos de tu voz me despiden en susurros. Baúles de recuerdos guardan los aromas de tu esencia, que lentamente se van difuminando con los años.
Ahora soy yo el que se escapa de tu casa con lágrimas de recuerdos muertos que delatan mi melancolía con cada paso que doy. Al final no queda nada, solo un silencio cansino y una irremediable soledad.