FANTASEANDO
Respira alma acompasada
sin noción de opiniones,
remolque de estelas lunares
reflejos en los lagos imperfectos.
Irradia el cantar de un hada triste
fábula de un decrépito abstinente,
simiente que espera una tierra
en un valle donde habla la muerte.
A la tempestad de un día dormido
mañana que no sabe dónde están las doce,
rebusca a la manilla levantándola la falda
para que sólo marque segundos sin sexo.
Y la lengua se quedó sin el paladar de los glaciares
rozando el labio al pico de un pingüino
y un azar de hielos peregrinos,
buscan un mar dónde bucear hasta esconderse.
La aurora boreal quiere ser amante
abrirse de par hasta abrazarse,
a un trovador que la demandé desnuda
y muda apagarse hasta saciarse.
Si la noche no te contempla completo
al galope de huracanes de estrellas,
salta al abismo de su universo
poniendo plenilunios en sus versos.
Amordaza a las puertas del Olimpo
que sus bisagras no te anuncien pasando,
retoma el camino del sentimiento y pasa de largo
hasta encontrar el paraíso de los incomprendidos prendados.
Quien marca destinos, que marque pasos.
Quien mande rayos se maldiga a sí mismo como Zeus.
Quien tenga boca que no se equivoque en el beso.
Quien tenga ojos que guarde siempre una lágrima de reserva.
Rocía a la presa de mi alma
con la transpiración de un jazmín alborotado,
que la fantasía no sea un nublado en la hoja
y la prosa tenga el oasis de haberte amado.
Respira alma acompasada
sin noción de opiniones,
remolque de estelas lunares
reflejos en los lagos imperfectos.
Irradia el cantar de un hada triste
fábula de un decrépito abstinente,
simiente que espera una tierra
en un valle donde habla la muerte.
A la tempestad de un día dormido
mañana que no sabe dónde están las doce,
rebusca a la manilla levantándola la falda
para que sólo marque segundos sin sexo.
Y la lengua se quedó sin el paladar de los glaciares
rozando el labio al pico de un pingüino
y un azar de hielos peregrinos,
buscan un mar dónde bucear hasta esconderse.
La aurora boreal quiere ser amante
abrirse de par hasta abrazarse,
a un trovador que la demandé desnuda
y muda apagarse hasta saciarse.
Si la noche no te contempla completo
al galope de huracanes de estrellas,
salta al abismo de su universo
poniendo plenilunios en sus versos.
Amordaza a las puertas del Olimpo
que sus bisagras no te anuncien pasando,
retoma el camino del sentimiento y pasa de largo
hasta encontrar el paraíso de los incomprendidos prendados.
Quien marca destinos, que marque pasos.
Quien mande rayos se maldiga a sí mismo como Zeus.
Quien tenga boca que no se equivoque en el beso.
Quien tenga ojos que guarde siempre una lágrima de reserva.
Rocía a la presa de mi alma
con la transpiración de un jazmín alborotado,
que la fantasía no sea un nublado en la hoja
y la prosa tenga el oasis de haberte amado.