sabine
Poeta fiel al portal
Cuéntame más, pidió la niña.
Cuéntame del unicornio.
Me recuerda a mi pegaso,
el mismo que he montado
cuando estuve ahí.
Pero a mí me llevó por todo el valle,
remontando montañas y cruzando el cielo.
Casi tocando las nubes de dulce algodón.
Entonces no es el mismo.
No es el mismo valle.
Con tristeza repliqué.
Porque cuando en él montaba,
a medio camino de las hadas,
en dragón se convirtió.
Saliendo fuego de su boca,
muy negras sus alas.
Las hadas ya no eran hadas.
En brujas se transformaron.
Y el cielo también cambió.
De azul a gris con grandes nubes.
Relámpagos sobraban al ritmo de su paso
o su febril aleteo.
Los árboles perdieron sus hojas,
ya sólo eran secas ramas,
dobladas y encorvadas apuntando al suelo.
No era un reino mágico...
El dragón me conducía al infierno.
Sabine
Cuéntame del unicornio.
Me recuerda a mi pegaso,
el mismo que he montado
cuando estuve ahí.
Pero a mí me llevó por todo el valle,
remontando montañas y cruzando el cielo.
Casi tocando las nubes de dulce algodón.
Entonces no es el mismo.
No es el mismo valle.
Con tristeza repliqué.
Porque cuando en él montaba,
a medio camino de las hadas,
en dragón se convirtió.
Saliendo fuego de su boca,
muy negras sus alas.
Las hadas ya no eran hadas.
En brujas se transformaron.
Y el cielo también cambió.
De azul a gris con grandes nubes.
Relámpagos sobraban al ritmo de su paso
o su febril aleteo.
Los árboles perdieron sus hojas,
ya sólo eran secas ramas,
dobladas y encorvadas apuntando al suelo.
No era un reino mágico...
El dragón me conducía al infierno.
Sabine