Llegan y se van
derramando lamentos
en sus interiores,
devorando sus ansias,
unificando sus soles.
Son sombras y luces,
oscuras como el más
profundo mar,
luminosas como el día.
Es fugaz el momento
en que caminan
entre rosas y orquídeas.
Invisibles son
a las miradas ajenas,
los traspasan sus ojos
sus sonrisas envenenan.
Mientras se observan
su ritual comienza
desconociendo su fin,
resbalando así
por sus cuerpos
la condena...