Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
La abadía se oscurece
Cristo mira su capilla vacía,
las velas ya no encienden
y ya nadie vende aceite,
las campanas ruegan asistencia
las campanas oran a las alturas
por sus pecadores ausentes.
Los salmos no pueden luchar
contra las prostitutas,
la sangre de Cristo esta en los barriles
de las cantinas,
las monedas de cobre valen mas
que la indulgencia,
la guerra reina
y corre la sangre
de los que defienden
y las de los otros que niegan.
Tal vez cuando reine la pobreza
vendrán todos a refugiarse a la iglesia,
tal vez cuando las carne apeste
todos querrán compran oraciones
en oferta.
La fe está en la puerca
el negro blanquea en la sus turbias noches,
todos fuimos iguales
hoy nos separan las diferencias,
todos fuimos humanos
y ahora nos separa el color
y la fe
mientras las monedas nos clasifican,
¿ qué fue de Dios?
que fue de aquel padre nuestro
que habitaba los cielos,
donde cabe toda esa ironía de justicia
si la cruz siempre ha sido una lanza
y un estandarte que eleva
a los justos para darle derechos a sus espadas.
Nadie vende aceite
para las lámparas
solo hay espadas cruzadas
y un fraile que cuenta las ostias
que jamás se acaban.
Cristo mira su capilla vacía,
las velas ya no encienden
y ya nadie vende aceite,
las campanas ruegan asistencia
las campanas oran a las alturas
por sus pecadores ausentes.
Los salmos no pueden luchar
contra las prostitutas,
la sangre de Cristo esta en los barriles
de las cantinas,
las monedas de cobre valen mas
que la indulgencia,
la guerra reina
y corre la sangre
de los que defienden
y las de los otros que niegan.
Tal vez cuando reine la pobreza
vendrán todos a refugiarse a la iglesia,
tal vez cuando las carne apeste
todos querrán compran oraciones
en oferta.
La fe está en la puerca
el negro blanquea en la sus turbias noches,
todos fuimos iguales
hoy nos separan las diferencias,
todos fuimos humanos
y ahora nos separa el color
y la fe
mientras las monedas nos clasifican,
¿ qué fue de Dios?
que fue de aquel padre nuestro
que habitaba los cielos,
donde cabe toda esa ironía de justicia
si la cruz siempre ha sido una lanza
y un estandarte que eleva
a los justos para darle derechos a sus espadas.
Nadie vende aceite
para las lámparas
solo hay espadas cruzadas
y un fraile que cuenta las ostias
que jamás se acaban.
Última edición: