Se yergue la noche negra,
gris se levanta el día,
lloran las hojas cristal liquido
sobre la calle húmeda.
Las horas se deslizan lentas
sobre un ordenador
que ha veces me sorprende
imitando mi cansancio;
me apeno de él y de mí,
lo apago,
y me siento en mi “ buen amigo”
que me espera en el cuarto
paciente como de costumbre,
siempre cálido
con los brazos extendidos
vestido de cuadros.
Con el saboreo la escritura,
la vista de la terraza,
que aun hoy
me alegra con el ciclamen
reventando rojo por todos sus pétalos.
Aparco el cuerpo en el vientre del sillón
y mi alma florece
al compás del descanso.
Me envuelvo en las letras
curiosa y distraída,
hasta que alguna voz
me saca de sus líneas,
y mis pies se avivan de nuevo
como el brasero se espabila
con la badila .
Como las pequeñas ascuas del cisco
doy calor a algunos,
y con ceniza mantengo
el rescoldo en mi corazón,
para que el mas mínimo aliento de amor
avive mi fuego.
gris se levanta el día,
lloran las hojas cristal liquido
sobre la calle húmeda.
Las horas se deslizan lentas
sobre un ordenador
que ha veces me sorprende
imitando mi cansancio;
me apeno de él y de mí,
lo apago,
y me siento en mi “ buen amigo”
que me espera en el cuarto
paciente como de costumbre,
siempre cálido
con los brazos extendidos
vestido de cuadros.
Con el saboreo la escritura,
la vista de la terraza,
que aun hoy
me alegra con el ciclamen
reventando rojo por todos sus pétalos.
Aparco el cuerpo en el vientre del sillón
y mi alma florece
al compás del descanso.
Me envuelvo en las letras
curiosa y distraída,
hasta que alguna voz
me saca de sus líneas,
y mis pies se avivan de nuevo
como el brasero se espabila
con la badila .
Como las pequeñas ascuas del cisco
doy calor a algunos,
y con ceniza mantengo
el rescoldo en mi corazón,
para que el mas mínimo aliento de amor
avive mi fuego.