Dichoso el hombre, que dice ser tu hermano
y le brilla el corazón, en la palabra.
Dichoso el hombre, que puede dar la mano,
mostrando en ella, el júbilo del alma.
Dichoso el hombre, que pone la semilla,
que abierto el surco, se persigna y canta.
Que cara al cielo, se tumba en la gramilla
y suelta el pájaro, azul, de su garganta.
Dichoso el hombre, que alza como un ala,
la inmensa claridad de su mirada.
Y bajo la sombra secular, de un simple tala
el mundo es suyo, asi no tenga nada.
Dichoso el hombre, que en el silencio crece,
hace futuro, azada y pala en mano.
Que envuelto en sol, se incendia y resplandece
y luego se abre el pecho, diciendo...soy tu hermano.
Marino fabianesi
y le brilla el corazón, en la palabra.
Dichoso el hombre, que puede dar la mano,
mostrando en ella, el júbilo del alma.
Dichoso el hombre, que pone la semilla,
que abierto el surco, se persigna y canta.
Que cara al cielo, se tumba en la gramilla
y suelta el pájaro, azul, de su garganta.
Dichoso el hombre, que alza como un ala,
la inmensa claridad de su mirada.
Y bajo la sombra secular, de un simple tala
el mundo es suyo, asi no tenga nada.
Dichoso el hombre, que en el silencio crece,
hace futuro, azada y pala en mano.
Que envuelto en sol, se incendia y resplandece
y luego se abre el pecho, diciendo...soy tu hermano.
Marino fabianesi
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