Se va lejos mi voz y retorna como un bumerán mudo.
A los que viven conmigo les parezco traslúcido, un nimbo,
un arcoíris blanco, una niebla sin rostro. Junto al paisaje
soy roca, mar, llanura, colina o urbe. Jamás firmo mis cartas
de amor donde hablo de una vida no vivida, las envío
al mapamundi de las direcciones rotas. Entre la multitud
me asemejo a la hormiga, a la abeja, al gentío. En las
conversaciones los cristales me ignoran, reflejan la risa,
el orgullo y la carne del mortal más próximo. No hay quien
recuerde mi aspecto, ni mi voz, ni la nomenclatura
de esa estirpe volátil de la que soy la última rama.
A los que viven conmigo les parezco traslúcido, un nimbo,
un arcoíris blanco, una niebla sin rostro. Junto al paisaje
soy roca, mar, llanura, colina o urbe. Jamás firmo mis cartas
de amor donde hablo de una vida no vivida, las envío
al mapamundi de las direcciones rotas. Entre la multitud
me asemejo a la hormiga, a la abeja, al gentío. En las
conversaciones los cristales me ignoran, reflejan la risa,
el orgullo y la carne del mortal más próximo. No hay quien
recuerde mi aspecto, ni mi voz, ni la nomenclatura
de esa estirpe volátil de la que soy la última rama.
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