jorgeluis
Poeta fiel al portal
FELONIAS DE CARMIN
En cada cicatriz
un hilo de sangre
que asoma,
el ser o no ser
del hijo de Luis,
una locura beoda,
un proscrito que
tiembla y reza,
y llora y se pone
a reir a deshoras,
el volver y volver
antes y después
de la aurora
a encender la alcoba
de tanta meretriz
cuarentona.
Pirata enmascarado
del elixir más infeliz
de la derrota.
Tal que hoy como ayer
no lo quise reconocer
e invertí,
memoria del pasado
al que ahora me niego
a mentir.
Felonías de carmín
con nombre de mujer,
abortando insidiosas
fiestas gozosas
de amor, besos
sin fin, agitando
sus garras, burlándose
de mí;
que me acorralaron
y acobardaron,
que me acabaron
por pervertir,
tratándome aviesas
como un inmundo Caín,
haciéndome ver
sin armas, tan ciego,
lo ruin de tantas faldas
que en vida
me vieron morir.
Llevando como horma
la deshonra
del peor porvenir,
eso bien lo saben
los que saben algo
que no es tanto
sobre mí.
Y entre la espada
y la pared,
cavaron y cavé
mi propia tumba,
con una pala
y a puntapiés
expuesto en la diana
del todo que es nada
otra vez.
Felonías de carmín
a flor de piel,
derrapando en vena
por mi inmadurez,
que me espabilaron
que lloré, que me
empequeñecieron para
hacerme crecer,
entrando y escapando
del fondo de cualquier red.
Felonías de carmín
que me inundaron
de escocés.
Con aroma de Chanel,
a fresa o a regaliz,
felonías que no dejaron
de desistir,
desde finales del siglo
pasado al presente,
casi sin verlas venir,
dejando su vil medalla
su huella convertida
en cicatriz.
Eso bien lo saben
los que saben algo
que no es tanto
sobre mi.
En cada cicatriz
un hilo de sangre
que asoma,
el ser o no ser
del hijo de Luis,
una locura beoda,
un proscrito que
tiembla y reza,
y llora y se pone
a reir a deshoras,
el volver y volver
antes y después
de la aurora
a encender la alcoba
de tanta meretriz
cuarentona.
Pirata enmascarado
del elixir más infeliz
de la derrota.
Tal que hoy como ayer
no lo quise reconocer
e invertí,
memoria del pasado
al que ahora me niego
a mentir.
Felonías de carmín
con nombre de mujer,
abortando insidiosas
fiestas gozosas
de amor, besos
sin fin, agitando
sus garras, burlándose
de mí;
que me acorralaron
y acobardaron,
que me acabaron
por pervertir,
tratándome aviesas
como un inmundo Caín,
haciéndome ver
sin armas, tan ciego,
lo ruin de tantas faldas
que en vida
me vieron morir.
Llevando como horma
la deshonra
del peor porvenir,
eso bien lo saben
los que saben algo
que no es tanto
sobre mí.
Y entre la espada
y la pared,
cavaron y cavé
mi propia tumba,
con una pala
y a puntapiés
expuesto en la diana
del todo que es nada
otra vez.
Felonías de carmín
a flor de piel,
derrapando en vena
por mi inmadurez,
que me espabilaron
que lloré, que me
empequeñecieron para
hacerme crecer,
entrando y escapando
del fondo de cualquier red.
Felonías de carmín
que me inundaron
de escocés.
Con aroma de Chanel,
a fresa o a regaliz,
felonías que no dejaron
de desistir,
desde finales del siglo
pasado al presente,
casi sin verlas venir,
dejando su vil medalla
su huella convertida
en cicatriz.
Eso bien lo saben
los que saben algo
que no es tanto
sobre mi.