OvejaNegra
Poeta recién llegado
Con la consciencia perdida, el libido encontró hueco entre esos dos cuerpos desnudos, sacudidos por gemidos y alboroto. Entre beso y sonrisa, las sábanas guardaban calidez y un erotismo extraño.
Él, con sus frías manos, trataba de encontrar cosquillas en sus muslos, intentando no perturbar ese silencio entrecortado. Ambos, sentían el vaivén del deseo hecho carne, y sin pecar de egoísmo, exigían más y más.
Así, agarrando con firmeza su cadera, la llevaba arriba y abajo, haciéndola suya.
Esa muchacha, casi muerta de placer, disfrutaba cada instante de yacer en cuclillas, dándole la espalda, y sintiendo un calor penetrante y agradable dentro de ella.
[...]
Piel contra piel, sumidos en una satisfacción mutua, consumieron su alma y sin más, se ahogaron en la cúspide de un orgasmo, que los llevaría a un estado de tristeza miserable.
Él, con sus frías manos, trataba de encontrar cosquillas en sus muslos, intentando no perturbar ese silencio entrecortado. Ambos, sentían el vaivén del deseo hecho carne, y sin pecar de egoísmo, exigían más y más.
Así, agarrando con firmeza su cadera, la llevaba arriba y abajo, haciéndola suya.
Esa muchacha, casi muerta de placer, disfrutaba cada instante de yacer en cuclillas, dándole la espalda, y sintiendo un calor penetrante y agradable dentro de ella.
[...]
Piel contra piel, sumidos en una satisfacción mutua, consumieron su alma y sin más, se ahogaron en la cúspide de un orgasmo, que los llevaría a un estado de tristeza miserable.