Fidelia

frank_calle

Poeta que considera el portal su segunda casa
Adorable maestra de los primeros años.
Maestra de tercero que todos querían.
¿Qué fue de tu vida?


Hoy quisiera agradecerte
la ternura de tu magisterio,
pero ya no existes,
aunque sí existes en los recuerdos,
no importa si de la vida te fuiste
sin dejar historia.
sin decir el día


Existes sí,
porque la existencia no termina
mientras uno solo de tus alumnos
te tenga presente
y encadene recuerdos
que se hacen poesía.


Querida Fidelia,
maestra querida,
te ví por última vez cuando ya estaba en sexto.
No es grato el recuerdo,
porque llorabas de alguna pena,
por mí desconocida.


Fue mi último recuerdo.
¡Triste día!
¿Por qué lloraba Fidelia?
Es algo que un niño no acepta,
y para siempre deja una herida.


Después terminó el curso;
terminó la primaria:
se fueron los primeros amigos;
cerraron la escuela,
y con ella,
adiós a los primeros amores,
adiós a las aulas,
se acabo la infancia,
comenzó la vida.


Frank Calle (31/ene/2019)
 
Sentidos recuerdos de los que dejan profunda huella en los corazones nos dejas en este melancólico poema.

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No sé si seré hoy un bicho raro, pero la gente de mi generación crecimos en el respeto a los valores, a la familia, y sobre todo del sentido agradecimiento a los que nos nutrieron, a los que nos hicieron personas de bien.

Aunque los años nos van borrando los recuerdos, creo que todavía pudiera hacer una lista con el nombre o las características físicas y personales de la mayoría de los Maestros (con mayúscula) que he tenido durante la vida, incluso incluyendo anécdotas, desde la primaria a la educación superior, cursos de postgrado, etc.

Creo que eso es algo que ya es poco común, aunque siempre encuentro a estudiantes a los que di clases de alguna asignatura, en ingeniería, y me saludan con afecto.

Para no dejarlo en palabras, pienso que vale recordar una anécdota (tengo varias) de mi maestro de Matemáticas de séptimo grado, Silveira, persona muy preparada, de raza negra, muy negra, y profesor muy ameno. Un día estábamos en clases y de pronto entra corriendo en el aula la conserje...

¡Silveira, corra Silveira, que De Lara se muere!

De Lara era el Director de la escuela. También persona de raza negra, pero sobre lo mulato, que era ejemplo de delicadeza en el trato hasta con las personas en general. Acaba de sufrir un ataque y había perdido el conocimiento.

De hecho las clases se suspendieron y la escuela en pleno quedó paralizada.

Los estudiantes pensábamos que el llamado de urgencia al profesor Silveira se había producido porque era uno de los docentes de mayor edad, pero nada de eso, había una causa muy concreta que los estudiantes desconocíamos:

Silveira, ese negro respetable que nos impartía clases de Matemáticas, ¡además era Médico!


¿Que le parece?

Un abrazo,

Frank
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Si, la propia vida es una suerte de casualidades, desde su propia génesis, y un segundo, para bien o para desdicha inesperada, puede cambiarnos el rumbo. Muchas veces he pensado: si no fuera lo que soy, cuántas cosas diferentes habría podido ser. Y me refuerzo en mí mismo, aceptando mi destino; porque dentro de lo casual, soy lo que he querido: persona simple, estudiosa, sin riquezas, con familia, con amigos.

Gracias por tu interés.

Frank
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Gracias Alecctriplem, realmente es un homenaje, el que nunca pude hacer cuando era un niño. Y en este homenaje personal incluyo a todos los que alguna vez fueron mis maestros, y alos que no lo fueron personalmente, pero lo fueron através de sus libros.

Hay un viejo refrán que dice: "nunca muerdas la mano que te da de comer". parafraseando ese pensamiento yo diría hoy: "nunca olvides al maestro que te enseñó a leer; nunca olvides al que le siguió los pasos y contribuyó a formar tu espíritu; y tampoco olvides al ser humano que te dio un oficio para poder vivir".

Un abrazo,

Frank
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Gracias Alecctriplem, realmente es un homenaje, el que nunca pude hacer cuando era un niño. Y en este homenaje personal incluyo a todos los que alguna vez fueron mis maestros, y alos que no lo fueron personalmente, pero lo fueron através de sus libros.

Hay un viejo refrán que dice: "nunca muerdas la mano que te da de comer". parafraseando ese pensamiento yo diría hoy: "nunca olvides al maestro que te enseñó a leer; nunca olvides al que le siguió los pasos y contribuyó a formar tu espíritu; y tampoco olvides al ser humano que te dio un oficio para poder vivir".

Un abrazo,

Frank
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En efecto amigo Frank, los maestros de la vida , así los llamo.
Recuerdo vagamente, a dos de mis maestras y mentores de vida.
Que esté homenaje honre el educar por respeto al ser.
Un abrazo.
 

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