danie
solo un pensamiento...
La lluvia y su melodía sobre el techo de zinc
me hace escucharme a mí mismo,
me hace reflexionar sobre la necedad del inconformismo,
y así me adentro en los aguaceros
y sus agudas filosofías,
en la calma natural de las ventanas
y su mojada caligrafía.
Porque por más que se desate una tormenta,
un fuerte vendaval que arrasa
con las ramas de los árboles del tiempo,
y la mirada no tenga donde reposar,
ni siquiera un paraje cálido
de un extraño que lo cobija del cielo y su lamento,
y los nidos de las aves
se pierdan en el colérico temporal
siempre habrá paz
en los ojos del pobre niño huérfano
que brillan ante la desventura
de no tener un seco y apacible hogar.
Lejos o cerca del techo de zinc,
de los ventanales empañados por la fría humedad,
del calor de mi anafe
y la taza de sopa caliente
siempre hay alguien, un náufrago de las calles,
con más orfandad que la que sangra mi pecho
y jamás se desespera o pierde su paz
ante el desabrigado momento.
me hace escucharme a mí mismo,
me hace reflexionar sobre la necedad del inconformismo,
y así me adentro en los aguaceros
y sus agudas filosofías,
en la calma natural de las ventanas
y su mojada caligrafía.
Porque por más que se desate una tormenta,
un fuerte vendaval que arrasa
con las ramas de los árboles del tiempo,
y la mirada no tenga donde reposar,
ni siquiera un paraje cálido
de un extraño que lo cobija del cielo y su lamento,
y los nidos de las aves
se pierdan en el colérico temporal
siempre habrá paz
en los ojos del pobre niño huérfano
que brillan ante la desventura
de no tener un seco y apacible hogar.
Lejos o cerca del techo de zinc,
de los ventanales empañados por la fría humedad,
del calor de mi anafe
y la taza de sopa caliente
siempre hay alguien, un náufrago de las calles,
con más orfandad que la que sangra mi pecho
y jamás se desespera o pierde su paz
ante el desabrigado momento.