Fin a tu amor

pequeña anie

Poeta que considera el portal su segunda casa
A la espera del barquero
con los pies fríos
en la orilla del camino
donde se despide la vida...
lo veo aún lejos,
viene sin prisas,
rema lento
haciendo larga la espera,
el alma se hiela
al ver el tiempo consumirse,
el barquero no entiende
que de pie no puedo seguir...
por fin se acerca
y extiende la mano,
me dice dámelo
que tengo que marchar...
aturdida no entiendo su petición
y sin decir nada señala mi pecho, perforado con la forma de una mano, que ha atravesado carne y huesos...
el barquero impaciente
vuelve a hacer la petición
para poderse ir...
titubeante introduzco la mano
dentro del pecho sangrante,
al sentir algo gélido
me estremezco,
cierro los ojos al retirar la mano
pero me detengo un momento
antes de entregarlo,
miro dudando
y al abrir los ojos brota el llanto,
sin vida, frío y sombrío,
ahí estaba, era el corazón mío...
es hora de partir dice el barquero,
al entregarle mi corazón sentí alivio,
en su mano se volvió de oro,
lo depositó dentro de un cofre
como si fuese un gran tesoro...
emprendió la partida,
volvió la mirada para decirme,
aquí termina tu carga
y comienza otra historia,
tu pecho ya no guarda luto...
en ese instante sentí mi pecho latir
y miré que ya no había orificio,
no era mi final,
no llegaba la muerte a por mi,
sólo vino a llevarse aquel amor
que mataron dentro de mí.
 
Última edición:
A la espera del barquero
con los pies fríos
en la orilla del camino
donde se despide la vida...
lo veo aún lejos,
viene sin prisas,
rema lento hace larga la espera,
el alma se hiela
al ver el tiempo consumirse,
el barquero no entiende
que de pie no puedo seguir...
por fin se acerca
y me tiende la mano,
me dice dámelo
que tengo que marchar...
aturdida no entiendo su petición
y sin decir nada señala mi pecho,
perforado con la forma de una mano,
que ha atravesado carne y huesos...
el barquero impaciente
vuelve a hacer la petición
para poderse ir...
titubeante introduzco la mano
dentro del pecho sangrante,
al sentir algo gélido me estremezco,
cierro los ojos al retirar la mano
pero me detengo un momento
antes de entregarlo,
miro dudando
y al abrir los ojos brota el llanto,
sin vida, frío y sombrío,
ahí estaba, era el corazón mío...
es hora de partir dice el barquero,
al entregarle mi corazón sentí alivio,
en su mano se volvió de oro,
lo depositó dentro de un cofre
como un si fuese un gran tesoro...
emprendió la partida,
volvió la mirada para decirme,
aquí termina tu carga
y comienza otra historia,
tu pecho ya no guarda luto...
en ese instante sentí mi pecho latir
y miré que ya no había orificio,
no era mi final,
no llegaba la muerte a por mi,
sólo vino a llevarse aquel amor
que mataron dentro de mí.

Atrapante poema que hace volar la imaginación para llegar al sorprendente final que deja una sonrisa en el lector.

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A la espera del barquero
con los pies fríos
en la orilla del camino
donde se despide la vida...
lo veo aún lejos,
viene sin prisas,
rema lento
haciendo larga la espera,
el alma se hiela
al ver el tiempo consumirse,
el barquero no entiende
que de pie no puedo seguir...
por fin se acerca
y me tiende la mano,
me dice dámelo
que tengo que marchar...
aturdida no entiendo su petición
y sin decir nada señala mi pecho, perforado con la forma de una mano, que ha atravesado carne y huesos...
el barquero impaciente
vuelve a hacer la petición
para poderse ir...
titubeante introduzco la mano
dentro del pecho sangrante,
al sentir algo gélido me estremezco, cierro los ojos al retirar la mano
pero me detengo un momento
antes de entregarlo,
miro dudando
y al abrir los ojos brota el llanto,
sin vida, frío y sombrío,
ahí estaba, era el corazón mío...
es hora de partir dice el barquero,
al entregarle mi corazón sentí alivio,
en su mano se volvió de oro,
lo depositó dentro de un cofre
como un si fuese un gran tesoro...
emprendió la partida,
volvió la mirada para decirme,
aquí termina tu carga
y comienza otra historia,
tu pecho ya no guarda luto...
en ese instante sentí mi pecho latir
y miré que ya no había orificio,
no era mi final,
no llegaba la muerte a por mi,
sólo vino a llevarse aquel amor
que mataron dentro de mí.
Ideal para el 14 de febrero de algún siglo, ouch, DESIRE
 
Yo, en cambio, no espero ver ningún barquero, ni tengo dos monedas de oro, salvo el interpretado por Max Von Sydow de "Más allá de los sueños",una película, al menos así lo veo yo, inspirada muy libremente en "La divina comedia"
 

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